Los escritores

Los escritores 5«Recrearse» un segundo en la propia gloria conduce a la más absoluta soledad.

Dice Elvira Lindo, con su acertado tono irónico que la caracteriza, en una de sus columnas semanales, que los escritores, como los cirujanos o los cocineros, responden a varios estereotipos: «los que están resentidos por no alcanzar el éxito que creen merecer; los que, aún muriendo de éxito siempre están descontentos y quisieran que los suplementos literarios fueran monográficos sobre su persona; los que dicen que viven retirados, pero morirán con la lengua fuera de un congreso a otro”.

La muerte de un escritor provoca múltiples definiciones sobre su vida y obra. La televisión, sin ser aún enterrado, se encarga de dar vueltas y más vueltas sobre lo que hizo y lo que dijo; casi siempre con tintes melodramáticos, en vez de mostrar una vida en toda la extensión de su carrera.

Fernando Fernán Gómez no es Umbral, otro escritor que se fue en septiembre. A éste sí le vendría bien la primera frase de este post. De él dijo Elvira «un hombre condenado a la soledad del que no ha sabido o no ha querido tener discípulos«.

Fernando Fernán Gómez no fue un escritor como los que se definen al principio, aunque la televisión lo muestre harto de las personas, muy posiblemente sus motivos tendría para contestar así. Por el contrario, tuvo que ser muy especial como lo definen los que lo conocieron bien. Para los que no tuvimos esa suerte, siempre buscamos la inteligencia que había detrás de aquel tipo «raro» fuera de lo común.

Y pienso que, si alguien le hubiera preguntado cómo quiere que lo recuerden, hubiera contestado: «la posteridad no me importa en absoluto«.

Sin embargo los que seguimos aquí y admiramos su obra nos preguntamos sorprendidos por qué se siguen dejando los homenajes cuando no están ellos para recibirlos.

¡Por favor!, ¡por favor! Concédanle a una persona que ha colaborado para elevar la cultura de un país en los tiempos que corrían, todos los honores, los homenajes, las placas y demás condecoraciones para que pueda disfrutarlos aquí.

¡Por favor!. ¿De qué le sirven ahora señores míos?.

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