Lo que nos da miedo (VI): Nuestros queridos animales

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El cine de terror no es patrimonio exclusivo del ser humano. Cierto es que siempre somos las víctimas (¿qué gracia tendría si no?), pero la amenaza maligna no proviene siempre de nuestro lado oscuro, de una fuente maligna sobrenatural o de un planeta desconocido; a veces lo que nos da miedo es la propia madre naturaleza. ¿Cuál es, si no, el miedo más primigenio de la humanidad? El frío, la noche y las criaturas salvajes que acechan en la oscuridad.

El hombre y la naturaleza no siempre se han llevado bien y, por mucho que nos empeñemos en proteger a los animales, la interacción entre ambos reinos no siempre es amistosa ni positiva. Vamos a repasar a continuación algunos de estos desencuentros entre hombres y animales que nos ha brindado la historia del cine. Sinceramente, creo que sería una locura repasar todas las películas de terror protagonizadas por animales ya que han dado mucho de comer a la serie B, pero sí que vamos a repasar las películas más destacadas que han alimentado nuestro miedo a ciertas criaturas.

Empezamos echando un vistazo al oscuro e insondable océano, que al no ser territorio humano es fuente de horrores inimaginables, pero también imaginados. La mitología y las leyendas populares hablan de criaturas submarinas que hundían barcos y devoraban los marineros infortunados, lo que es una fuente abundante de excusas para relatos de terror y misterio.

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Todos conocemos el Kraken, el calamar gigante, que aparece en películas como Furia de Titanes (Desmond Davis, 1981) o Piratas del Caribe: El Cofre del Hombre Muerto (Jerry Bruckheimer, 2006) o la terrible ballena blanca que Herman Melville bautizó como Moby Dick, un auténtico diablo de los mares que arrastraba los hombres a la perdición, que también ha sido llevada al cine en 1956 por John Houston.

No obstante, seres de índole más terrenal también han sembrado el terror entre el público, y si no que se lo digan a la cantidad de adolescentes que se lo pensaron dos veces antes de bañarse en la playa de noche después de haber visto Tiburón (Steven Spielberg, 1975), un icono del cine de terror y de la serie B por su enorme trascendencia mediática. Tiburón fue la primera de una saga de películas con el tiburón blanco de protagonista, aunque jamás alcanzaron el nivel de la primera parte y, todavía menos, después de que Roy Scheider abandonara la franquicia.

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El otro animal acuático depredador de seres humanos es la piraña, vista en películas como Piraña (Joe Dante, 1978), Piraña 2: Vampiros del Mar (James Cameron, 1981) o la reciente Piranha 3D (Alexandre Aja, 2010). El cine no ha sido justo con estos peces, que ni siquiera tienen un historial a tener en cuenta de ataques a humanos, pero cuyo aspecto feroz les ha dotado de esta fama de depredadoras insaciables.

Empezamos a adentrarnos en tierra con otra linda criatura, el cocodrilo. El pariente más próximo de los dinosaurios nos ha dejado títulos que incluso agreden el concepto de entretenimiento como Mandíbulas (Steve Miner, 1999) o Dark Water (David Nerlich y Andrew Traucki, 2007). Que los reptiles no han tenido demasiada fortuna en esto del cine lo corroboran otros títulos como la ambiciosa Anaconda (Luis Llosa, 1997), que protagonizaban Jennifer López y John Voight -y que también dio lugar a varias secuelas-, Anacondas (Dwight H. Little, 2004) o una perlita de serie B titulada Boa contra Pitón (David Flores, 2004) que de verdad os recomiendo si queréis echaros unas risas con la cantidad de estupidez que contiene la película.

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Dejamos los reptiles y vamos a los insectos, que también han tenido sus momentos de gloria. Seguramente la película que la mayoría recordaréis es Cuando ruge la Marabunta (Byron Haskin, 1954), una película mítica del cine de terror que inspiró varias cintas de poca monta con un ejército de hormigas caníbales como protagonista.

De todos modos, estoy seguro que a la hora de mencionar miedos pocos mencionaríais a las hormigas, pero muchos pondríais las arañas las primeras de la lista. Ellas también han tenido espacio en el séptimo arte, destacando Tarántula (Jack Arnold, 1955) o Arac Attack (Ellory Elkayem, 2002), con David Arquette y una jovencísima Scarlett Johansson, entre las más exitosas.

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Siguiendo los pasos de la evolución y manteniendo los pies en la tierra, toca hablar de mamíferos. Aquí hay para todos los gustos, desde este ataque de lobos a cinco estudiantes de fiesta que toma prestado el título de una de las obras maestras de Joe Dante, Aullidos (Nicholas Mastandrea, 2006), hasta una sorprendente película con leones al acecho que se aproxima más al cine de aventuras que al de terror, titulada Demonios en la Noche (Stephen Hopkins, 2006).

También están los gorilas asesinos de Congo (Frank Marshall, 1995), de tamaño natural y atacando en manada, o títulos de auténtico bizarrismo como El Perro Blanco (Samuel Fuller, 1981), la historia de un perro adiestrado para asesinar negros que se convirtió en una sangrienta alegoría para denunciar la violencia racista.

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Y acabamos el repaso volando, ya que no podía olvidarme de una de las grandes obras maestras de Alfred Hitchcock, Los Pájaros (1963). Los Pájaros está entre las películas más surrealistas del director británico, siempre subvirtiendo la cotidianidad, que pone patas arriba la vida monótona de un pequeño pueblo. Los momentos de máxima tensión son una constante y enfatizan esta curiosa historia de sumisión humana ante el reino animal en la que los verdaderos enjaulados son los hombres y no las bestias.

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Hasta aquí el repaso de lo que ha dado de sí la “guerra” entre animales y hombres en el cine de terror. Si se os ocurre algún título imprescindible que se me haya pasado por alto o alguno que queráis remarcar por cualquier motivo, os invito a mencionarlo en los comentarios. Este tipo de películas son verdaderas perlas para meter en una maratón de terror y como más locura contengan, mucho mejor.

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