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Leopoldo Alas, “Clarín”

Hay libros que recuerdo por la atmósfera que su autor fue capaz de crear, éstos quedan grabados en mí como si se tratara de un perfume o un sabor de mi infancia. Me pasó con la lectura de “La Regenta” de Clarín, “Pedro Páramo” de Juan Rulfo, “Bomarzo” de Mujica Láinez, “Ensayo sobre la ceguera” de Saramago, entre otros. 

Con motivo de una breve estancia en Oviedo he tenido la oportunidad de recorrer el escenario de uno de los primeros libros que leí: «La Regenta». La ciudad, como es natural, dista mucho de la que era en su tiempo, sin embargo, para atraernos nos presenta a su Regenta paseando por la catedral o dando nombre a la cafetería de Vetusta, aunque en aquel tiempo no le hiciera ninguna gracia a los ovetenses verse retratados por la irónica pluma de Clarín.

Leopoldo Alas “Clarín”, una de las figuras más brillantes y atractivas del siglo XIX español, domina el panorama de la crítica literaria en la segunda mitad del siglo. Sus juicios e interpretaciones sobre el momento político e ideológico son considerados como el testimonio más certero de la época que le tocó vivir.

En su corta vida (1852 – 1901) asistió a uno de los periodos más agitados de España; la inestabilidad política, conflictos armados, movimientos sociales y cambios de gobiernos condujeron en 1868 a la revolución llamada “La Gloriosa”, que envió a la reina al exilio.

Clarín, cuando apenas tenía dieciséis años creó su propio semanario manuscrito. En su etapa de madurez, ya dedicado a la docencia participó como concejal en el Ayuntamiento de la ciudad. Las tentaciones de la vida pública lo llevaron a Madrid pero las intrigas de la corte lo devolvieron a su provincia.

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Las dos corrientes literarias nacidas en Francia y rápidamente extendidas  por Europa y América, que caracterizan a esta segunda mitad del siglo XIX, son el Realismo y el Naturalismo. La gran novela realista llega a su fase modélica en el segundo tercio del XIX y fija lo que hoy entendemos por novela.

Algo semejante ocurre con el cuento. En el último tercio de siglo dos autores crean las muestras más conseguidas del género: Emilia Pardo Bazán y Leopoldo Alas “Clarín”, modelos de los cuentistas que les han sucedido en nuestras letras. A menudo, Clarín combate el parecer de quienes consideran al cuento como una forma de narración menor o más fácil: “No es más difícil un cuento que una novela, pero tampoco menos; de modo que hay notoria injusticia en considerar inferior el género de las narraciones cortas, en el cual por cierto se han hecho célebres muchos escritores antiguos y modernos, bien conocidos de todos”.

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El repertorio de las obras narrativas de Clarín no es muy extenso: dos novelas largas, La Regenta y Su único hijo, además de algo más de cien relatos breves.

«La Regenta» ha sido interpretada de formas divergentes por la crítica: “novela de la frustración”, análisis de un adulterio encubierto por un misticismo falso, novela de todo un pueblo, de Vetusta (lugar bajo cuyo nombre ficticio se esconde Oviedo, la ciudad de su escritor)… En todas las visiones existe algo de auténtico, ya que La Regenta es un complejo mundo novelesco en el que convergen motivos de distinta procedencia hasta formar un amplio y revelador mosaico de la existencia provinciana en el último cuarto del siglo XIX.

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La aplicación del recurso que define la novela naturalista española, el análisis psicológico aplicado de manera irrepetible a la contradictoria personalidad de Ana Ozores, personaje central de la obra y el empleo sistemático de lo que se ha llamado “estilo indirecto libre” o “lenguaje vivido”, definido por el propio Clarín como el hecho de “sustituir las reflexiones que el autor suele hacer por su cuenta respecto de la situación de un personaje, con las reflexiones del personaje mismo, empleando su propio estilo, pero no a guisa de monólogo, sino como si el autor estuviera dentro del cerebro de éste”.

En la obra de Clarín se aprecia la lucha con su tiempo a través de su escritura: la crítica satírica, desnuda y sincera, y su creación literaria, llena de humanidad, de sentimentalismo y de comprensión. Su muerte lo sumió en el más profundo de los olvidos: sus numerosos enemigos, el temor a las persecuciones ideológicas o políticas y demás oportunismos, consiguieron que su nombre desapareciera del programa de literatura nacional. Está claro que se adelantó a su época.

 Conviene también decir que el mejor Clarín no es el crítico, ni aún el novelista, sino el creador de unos cuentos que por su belleza, su gracia  y su humanidad han de quedar como el mejor exponente de las letras españolas de finales del siglo XIX.

Fuentes: «La Regenta». Novelas inmortales. «Relatos breves» en Castalia Didáctica. «Cuentos» en Anaquel.

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