Tras un lapso sabático, no quisiera despedir el año que está a punto de finalizar dejando una página en blanco, por lo que reinicio mi colaboración en esta web, con el deseo de resaltar, en esta crisis mundial que atravesamos, lo importante que es la comunicación y, en sí misma, el poder que ejerce la palabra sobre las personas.
Una de nuestras armas más poderosas es el diálogo, así como los aspectos más íntimos de la persona son casi indefinibles e impalpables, como la felicidad, la salud, la alegría y compartir, ésta es la palabra clave, la palabra esencial. Adquirir conciencia de estar implicado en algo muy importante como es la comunicación, la posibilidad misma de crear, de renovar y de compartir valores, todo lo que se trabaje en pro de la cultura el rango no confiere privilegio ni poder: impone responsabilidades. En la tierra el hombre está como de viaje, y el objetivo del mismo es la constante búsqueda para revelar el misterio de las cosas de la vida. El ser humano tiene el dominio de la palabra.
Pero ¿qué es la cultura, al fin y al cabo, sino una serie de actos de comunicación? Las palabras tienen una virtud esencial, cuando son ciertas, sensatas y sinceras alivian a los “corazones que lloran”. Sirven para resolver conflictos, para emprender y llevar a cabo iniciativas y para disminuir el sufrimiento.
La palabra se convierte espontáneamente en ritmo cuando éste se emociona, se entrega a sí mismo, sí, la palabra es para todos en este mundo, hay que intercambiarla, lo es todo. Corta, lastima, modela, modula, perturba, cura o mata. Amplifica, disminuye según su carga. Excita o calma las almas. La eficacia de la palabra es el origen de toda transformación.
Llegará un día en que también tú deberás compartir tu conocimiento de las cosas y de los hombres, es enriquecimiento recíproco en el respeto a los contrarios. Las palabras son sagradas.
Con mis mejores deseos de paz y entendimiento para todos los seres de este planeta llamado Tierra. Bendiciones para el año 2.011