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La despedida de un hombre del renacimiento

La despedida de un hombre del renacimiento 3Todos sabemos que el pasado 21 de Noviembre nos dejó para siempre el gran Fernando Fernán Gómez. Nada nuevo puedo decir de su extensa, magnífica y polifacética producción. No tenemos más que entrar en la Red y encontraremos todo lo relativo a su vida y obra, amén de los premios que obtuvo y los títulos de las 200 películas en las que intervino. Solamente quiero resaltar aquí lo que de una forma u otra está relacinado con la literatura.

Su primera película fue una adaptación de la novela de Carmen de Icaza «Cristina Guzmán» (1943). En 1961 dirigió y protagonizó «La venganza de Don Mendo», del popular Pedro Muñoz Seca. En 1965 intervino en «Ninette y un señor de Murcia», del gran Miguel Miura.

Debutó como autor de teatro en 1978 con su obra «Las bicicletas son para el verano», por la que recibió el Premio Lope de Vega. Unos años más tarde ,1985, escribió su primera novela «El viaje a ninguna parte», que llevó luego al cine como director y por la que recibió al año siguiente el Goya al mejor director y al mejor guionista. En el 2000 fue nombrado miembro de la Real Academia Española.

Es innecesario seguir enumerando el amplio espectro de su obra: teatro, ensayos, novelas artículos, poesía, cine, comentarios, obras para niños y un largo etcetera.

Mi pequeño homenaje va dirijido al hombre que fue: rebelde, anarquista, gruñón, arreligioso, poco amigo de convencionalismos y fundamentalmente consecuente consigo mismo y con sus ideas.

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Supongo que no le sería fácil vivir, escribir y ser actor en el gran teatro de falsedad que era laEspaña de la Dictadura. Pero por fortuna aún le quedaron casi otros treinta años de vida para poder expresarse con libertad, sin temor a ser él mismo y quizás de un modo no «politicamente correcto».

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Me ha emocionado, a la vez que encantado, el homenaje de despedida que le han organizado sus incodicionales: en un escenario, con él como único y mudo protagonista, a la par que espectador, de las palabras de cariñosa despedida que le dedicaban sus amigos. Como broche final el tango «Caminito», su preferido,en la voz quebrada de un emocionado Enrique Morente. Genial, a mi parecer, una copa con sus íntimos, mientras su cuerpo era incinerado, sin la retórica ,desprovista de sentido, de un acto religioso en la que no creía.

Se necesita mucha personalidad y mucha consecuencia con uno mismo para llegar al momento final así, sin el último «acto social-religioso« en el que todos tendemos a caer. Me descubro ante ello y lo reclamaría para mí cuando llegue mi hora.

¡Descansa en paz , admirado Fernando!, siempre nos quedará el espléndido legado de tu obra.

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