Jan Wolkers: un espíritu libre

Si existe un escritor favorito de los jóvenes holandeses desde la posguerra es Jan Wolkers, quién acaba de fallecer a los 81 años de edad.  Considerado como uno de los Cuatro Grandes de la literatura de Los Países Bajos,  escribió novelas, cuentos, poesías, ensayos, diarios y artículos periodísticos. Dejó una docena de importantes esculturas urbanas además de un arsenal de pinturas.

Fue el primer escritor que incluyó pasajes eróticos con una sexualidad explícita.  Luego de su primer libro: Serpentina´s petticoat (1961) recibió muchas reacciones de sus lectores, algunos enviaron el libro embarrado con excremento y otros, con besitos de lapiz labial.  Estos últimos le animaron a continuar.  De las 30 novelas que produjo, todas best-sellers, cinco fueron llevadas al cine, siendo la más conocida Delicias Turcas (Turkish Fruit) dirigida por Paul Verhoeven; las otras son:  Amor ardiente, Una rosa de carne, Regreso a Oegsgeest y Kort Amerikaans.  Fue un personaje controvertido, un espíritu libre, amante de la naturaleza, que rechazó hasta por tres veces importantes premios literarios.  Se inspiró en su niñez, su padre, la muerte de su hermano, su formación religiosa, los amores y tragedias que se cruzaron en su camino.

Wolkers raramente se detiene a teorizar y reflexionar, crea una serie de escenas, todas evocativas, crudas y excitantes, llenas de metáforas elaboradas.  Escribe de la misma manera que pinta, con un golpe visual.  Despliega gran audacia en la composición de la historia, con diálogos y situaciones vívidas y orignales, crea personajes coloridos.  La imagen resultante deja una impresión duradera mucho después que la historia ha concluído.

Nació en el seno de una rígida familia calvinista.  Pintor y escultor de profesión, todo lo que le fascina lo tiene que plasmar: «es una necesidad compulsiva: dar forma a lo que vive dentro de mí, desde que empecé a pintar desde niño, y a escribir, cuando quise fijar la imagen de mi hermano moribundo.  Al verlo por última vez en el hospital de Leiden, me di cuenta de que el pasado debe ser retenido.  Cada artista tiene sus propios momentos dramáticos en los cuales su comprensión se agudiza.  Cada minuto vivido lleva la semilla del pasado…Soy alguien que está libre de frustraciones y de temores:  no tengo miedo ni al diablo ni a Dios, ni a mis propios pecados, tampoco a las mujeres, al sexo, a la muerte o a la crítica.  No me interesan, porque en lo único en que creo es en mí mismo».  Sobre el Marqués de Sade: «No lo admiro, él describe las cosas sin suficiente vida, no tiene humor».

Los últimos veintiséis años vivió junto con su esposa Karina en la Isla Texel, donde construyó un paraíso privado, rodeado de animales, plantas, mar, soledad y paisajes magníficos.  «Soy de los pocos que tienen la pasión de vivir y de continuar trabajando».  Sobre la muerte: «espero que me quede tieso detrás del caballete y que digan, dejadle que siga laborando, porque todavía no hay señales del rigor mortis».

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