Italo Calvino y las elecciones

Italo Calvino y las elecciones 7Yo siempre imaginé a este autor como un hombre inquieto. No a la manera de su barón rampante, saltando de árbol en árbol y quedándose a vivir en él, pero sí como la persona capaz de estar en varios frentes a la vez para después plasmarlos.

Durante la asistencia a clases, en talleres de creación literaria, hemos disfrutado llenando las calles invisibles de Argia (del libro Las ciudades invisibles) de múltiples sustancias y, quién no, al bañarse en el mar no ha pensado en su cuento La aventura de una bañista y en encontrarse, como ella, de pronto sin bañador.

Leer a Italo Calvino es entrar en ese ritmo trepidante y admirar continuamente su poder de fabulación.

Sin embargo, hay otro libro de él, que ahora releo: La jornada de un escrutador.Italo Calvino y las elecciones 8

Aunque son muchas las reseñas de libros que hay es estas páginas y no quiero agobiaros, os recomiendo vivamente su lectura. En este libro, da un viraje respecto a otros libros suyos tan distintos como el citado anteriormente: El barón rampante.

Italo Calvino, en la nota preliminar del libro, explica muy bien el proceso; cómo se le ocurrió la idea de escribirlo etc…

Esta opinión suya, también nos da idea de esa inquietud a la que me refería:

Cuando escribo un libro que es pura invención, siento un anhelo de escribir de un modo que trate directamente la vida cotidiana, mis actividades e ideas. En ese momento, el libro que me gustaría escribir no es el que estoy escribiendo. Por otra parte, cuando estoy escribiendo algo muy autobiográfico, ligado a las particularidades de la vida cotidiana, mi deseo va en dirección opuesta. El libro se convierte en uno de invención, sin relación aparente conmigo mismo y, tal vez por esa misma razón, más sincero”.

La sinceridad es otra de las cosas que se desprenden de este libro, un relato no muy largo, en el que no ocurren muchas cosas; se tiene en pie, más que nada, por las reflexiones del protagonista: un ciudadano al que durante las elecciones le corresponde la tarea de hacer de escrutador. Aunque la acción transcurre en 1953; los detalles, el humor y las imágenes, nos recuerdan escenas que, seguro, hemos presenciado.

Sólo diré -continúa Calvino al hablar del proceso del libro- que el escrutador llega al final de su jornada distinto de algún modo a como era por la mañana; y también yo, para escribir este relato, de alguna forma tuve que cambiar”. Un relato corto y modélico que se lee rápido y se disfruta.

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