Puedo imaginarte, escribiéndole a tu amiga una carta larga, emotiva, con frases bellísimas y entre todas las confidencias; una dolorosa y especial, un secreto, porque sólo se dice a quien va dirigida la carta.

Puedo imaginarte a ti, mujer de Julio Cortázar, es más, cierro los ojos y te veo, Carol Dunlop, escribiéndole a tu amiga servia Silvia Monrós-Stojakovic, una carta que recibió y contestó, pero que tú no llegaste a leer.

Pero, ¿puedo imaginaros a los tres, si viviérais, enfadados porque se han aireado vuestros secretos?

No lo sé, sólo puedo decir que leyendo una de cuatro de las cartas que ahora se publican, he sentido un profundo respeto. Me parecía  que, al leer esas cartas, violaba tres intimidades y he sentido ganas de disculparme por introducirme en vuestras vidas.

La muerte siempre sorprende sin haber puesto en orden nuestras vidas. No obstante, aunque no sorprenda, puede que esa ingesta tarea de ordenar, quemar o archivar todo los papeles, como sería todo lo que Julio dejó, hace que luego sea otro el destino que se da a todo lo escrito que, probablemente, algunos escritores desean.

Sin olvidar a los herederos y el beneficio económico que estas publicaciones póstumas les aportan.

Ayer el diario El País anunciaba la publicación de estas cartas, una de ellas escrita mientras escribían su último libro juntos.

También te puede interesar:   El remake de "Robocop" a punto de caramelo.
  • Elisa I. Mellado

    Al leer tu reseña he sentido la misma sensación que tú, intrusa en un lugar desconocido, y eso que no conozco esas misivas. Imagino que sería difícil la convivencia en este triángulo de sentimientos encontrados. Creo que siempre hay que considerar las circunstrancias, quizás tengan justificación.

  • Reyes

    Gracias por el post, habrá que leer esas cartas

  • virginia

    Isabel, comparto lo que dices en cuanto a que dé apuro leer lo que, me parece entender, no se ha autorizado. No sé si, leyéndolas, sea sucumbir a una tentación. ¿Se tendrá derecho a eso?. Ya me aconsejarás.

  • En este post quizás me he pasado de subjetivismo. Es a mí a quien da, quizas por pudor o respeto, leer la correspondencia de otros.

    Si está publicado es, creo, porque estará autorizado hacerlo, bien por el autor que lo dejó dicho, bien por los herederos.

    Lo que si está claro es que este género epistolar nos revela mucho sobre nuestros ídolos literarios y creo que ahí reside la curiosidad y lo lucrativo para quien se beneficie.

    Gracias a todas por vuestras opiniones para un post bastante impulsivo por mi parte.