Las interrupciones constantes, las reuniones sin un objetivo claro y la falta de pausas pueden incrementar la sensación de carga y afectar a la concentración y al bienestar a lo largo de la jornada laboral. Estos aspectos han sido objeto de estudio por parte de Gi Group Holding, una multinacional dedicada a ofrecer soluciones de recursos humanos, quien ha identificado ciertos hábitos que «engordan» la carga de trabajo y afectan la productividad.
En este sentido, la multitarea, por ejemplo, es comparable a un diseño ineficaz de jornada laboral. Cambiar de tarea constantemente fragmenta la atención y dificulta la concentración, lo que puede conducir a una mayor sensación de carga, a pesar de la creencia popular de que ser multitarea es sinónimo de eficiencia. Asimismo, las interrupciones, tales como mensajes o llamadas, pueden ofrecer un breve impulso de energía, pero a largo plazo son perjudiciales, ya que generan un desgaste constante que deteriora la capacidad de atención.
Otro aspecto relevante son las urgencias ficticias, que causan un estado de alerta permanente. Esta situación se asemeja a los efectos de la cafeína; proporciona una sensación de energía momentánea, pero no necesariamente se traduce en un trabajo de calidad. Además, las reuniones innecesarias, que a menudo carecen de un propósito claro, pueden consumir tiempo valioso sin generar resultados. Por otra parte, saltarse pausas o comidas puede disminuir la capacidad de concentración y aumentar la sensación de cansancio, lo que se traduce en menor productividad.
Gi Group también señala que la procrastinación actúa como un obstáculo importante. Aplazar tareas complejas puede dar una sensación de alivio momentáneo, pero incrementa la carga mental a medida que avanza la jornada. Afrontar dichas tareas con menos energía puede aumentar la presión y la percepción de dificultad.
Para combatir estos hábitos perjudiciales, Gi Group propone una serie de estrategias que pueden contribuir a una jornada laboral más equilibrada y saludable. Una de las más importantes es planificar las prioridades del día, agrupando tareas similares y estableciendo momentos específicos para revisar correos y mensajes, en lugar de responder de manera continua a cada notificación. También se recomienda reservar bloques de tiempo para actividades que requieran mayor concentración y distinguir entre lo que es urgente y lo que puede esperar.
Adicionalmente, es crucial reducir el número de reuniones innecesarias y establecer pausas efectivas durante la jornada. Limitar las interrupciones también resulta esencial en los momentos que demandan mayor atención. Por último, dedicar unos minutos al final del día para revisar las tareas pendientes puede ser una buena práctica para cerrar la jornada laboral y evitar que las obligaciones se trasladen al tiempo personal.
Ana Ruiz, Learning & People Development Manager de Gi Group Holding, subraya que «asociamos productividad con hacer más en menos tiempo, cuando en realidad también depende de cómo gestionamos nuestra atención y energía a lo largo del día». Por lo tanto, afrontar el desafío de una jornada laboral más equilibrada puede llevar a un trabajo más eficiente y una menor sensación de carga al finalizar el día.


