En el tercer trimestre de 2025, los precios de las viviendas en la Unión Europea experimentaron un incremento del 5,5% en comparación con el mismo periodo del año anterior, mientras que los alquileres también mostraron una subida del 3,1%. Frente al segundo trimestre de 2025, el incremento en los precios de las casas fue del 1,6% y del 0,9% en los arrendamientos. Esta información fue publicada recientemente por Eurostat, organismo que proporciona estadísticas oficiales a nivel europeo.
Un análisis más detallado revela que los precios de la vivienda y los alquileres en la UE mostraron un comportamiento similar entre 2010 y mediados de 2011, para luego divergir. Durante la última década, desde 2015 hasta el tercer trimestre de 2025, los precios de las casas se han incrementado un 63,6%, mientras que los alquileres han tenido un aumento más moderado del 21,1%. Esta diferencia en la evolución de ambos indicadores ha suscitado inquietudes entre los analistas del mercado inmobiliario.
A nivel nacional, los datos indican que en 25 de los países de la UE con información disponible, los precios de las viviendas han crecido más que los alquileres desde 2015 hasta 2025. En particular, Hungría se destaca por un notable incremento de precios, con un asombroso aumento del 275%, seguido de Portugal (+169%), Lituania (+162%) y Bulgaria (+156%). Finlandia, en contraste, fue el único país donde los precios de las viviendas experimentaron una disminución del 2%.
En cuanto a los alquileres, todos los 27 países de la UE reportaron aumentos, siendo Hungría nuevamente el país con el aumento más significativo, alcanzando un 107%. Otras naciones como Lituania (+85%), Eslovenia (+76%), Polonia (+75%) e Irlanda (+74%) también registraron incrementos considerables en sus precios de alquiler durante el mismo periodo.
Este contexto plantea interrogantes sobre la accesibilidad de la vivienda en muchas naciones de la UE y plantea la necesidad de políticas que contrarresten estas tendencias. La disparidad en el crecimiento de precios y alquileres podría estar exacerbando la crisis de asequibilidad que enfrentan numerosos ciudadanos europeos.





