En Haití, la situación de seguridad se ha deteriorado considerablemente, con bandas armadas que han incrementado su control en diversas áreas de Puerto Príncipe, resultando en un aumento alarmante en el reclutamiento de menores. La ONU ha señalado que este fenómeno está generando consecuencias devastadoras para los niños y sus comunidades. Pierre, un joven que fue reclutado a la edad de 10 años, compartió su experiencia: “Ellos me daban cigarrillos y restos de cocaína. Me volví muy adicto. Después de consumir cocaína, ya no me comportaba como una persona normal”, destacando el impacto destructivo de las drogas en su vida.
Con aproximadamente el 45 % de la población haitiana menor de 18 años, la pobreza extrema y la falta de acceso a educación han hecho que numerosos niños sean vulnerables a estas bandas. Algunos son reclutados por coacción, mientras que otros ven en las pandillas una forma de supervivencia, atraídos por la promesa de pertenencia y recursos. Joseph, un adolescente de 16 años, relató cómo creció rodeado de violencia y cómo la imagen de los miembros de pandillas le resultaba seductora: “Veía hombres armados en las calles todo el tiempo. Algunos iban bien vestidos, tenían coches bonitos y estaban rodeados de mujeres”.
La ONU ha identificado al menos 26 bandas operantes en la capital, que no solo ejercen control territorial, sino que también extorsionan a las comunidades y se enfrentan a las fuerzas de seguridad. En respuesta, se han implementado controles en las carreteras de algunos barrios para intentar evitar el secuestro de niños, aunque los servicios de protección infantil existentes son insuficientes y están completamente desbordados.
Además de ser utilizados como soldados, los niños también asumen roles de vigías y mensajeros, ya que su juventud les permite pasar desapercibidos. Sin embargo, este camino no está exento de peligros. A las niñas se les asignan riesgos aún mayores, como la explotación sexual y la violencia de género.
El impacto del reclutamiento y la violencia son profundos y duraderos. Las experiencias traumáticas afectan su salud mental y les interrumpen su educación, cerrándoles las puertas a un futuro prometedor. Las familias, muchas de las cuales huyen constantemente de la violencia, enfrentan el estigma y el miedo al regreso, lo que dificulta la reintegración de sus hijos a la vida normal.
La respuesta a esta crisis exige más que un simple despliegue de seguridad. Un nuevo informe de la ONU aboga por sistemas de protección infantil más robustos, acceso restaurado a la educación y recursos para fortalecer a las comunidades. Asimismo, se destaca la necesidad de apoyo a las organizaciones locales, que juegan un papel fundamental en la rehabilitación de los jóvenes mediante la creación de programas de formación profesional que brindan alternativas a la vida en las bandas.
En este contexto crítico, la colaboración internacional también es crucial. Se espera que la recién creada Fuerza de Represión de Pandillas, respaldada por la ONU, ayude a reducir la influencia de estas organizaciones y a fortalecer el sistema judicial en Haití para frenar la trata de niños.
Fuente: ONU últimas noticias





