Si una fórmula triunfa, ¿por qué no seguir explotándola? Esta premisa empresarial se ha tomado muy a pecho en el mundo editorial. Y es que, si echáis un ojo a las secciones de libros de los grandes almacenes, los títulos que más se exponen en la sección juvenil son los mismos de siempre: vampiros-gusiluz que brillan con el sol y románticas historias de amor entre mortales y seres sobrenaturales. Las portadas en negro, rojo y blanco triunfan, así que, ¿por qué no reeditar todo lo que podamos con ese estilo?
Hace tiempo pudimos ver como las Crónicas vampíricas de Anne Rice, esas historias de vampiros de los que de verdad dan miedo, volvían a venderse en bolsillo «camuflados» como los de la saga Crepúsculo. Si te fijas en la imagen, a la izquierda están las portadas de la tetralogía de Stephanie Meyer y a la derecha, cuatro libros de las Crónicas vampíricas. «Total, son vampiros», dirán los encargados de las colecciones.
Lo increíble surge cuando, intentando aprovechar el tirón editorial, se llega a la contaminación de una obra clásica. ¿Conocéis Orgullo y Prejuicio o Cumbres Borrascosas? Son obras escritas en el siglo XIX que no tienen nada que ver con vampiros ni con historias sobrenaturales. Es más, son clásicos de la literatura romántica que reflejan, cada una a su modo, la sociedad de la época. Ahora, mágicamente, se han convertido en «Los libros favoritos de Edward y Bella«. Y así se comercializan en la edición de De-Bolsillo.
Esta técnica – completamente válida y efectiva, por otra parte – se ha generalizado con el tiempo. Mirad de nuevo la imagen de la parte superior. La primera es la edición de El temor de un hombre sabio, la segunda novela de la saga de Patrick Routhfuss. La segunda imagen corresponde a la reedición de la Trilogía de la Niebla, de Carlos Ruiz Zafón. ¿No os parecen sospechosamente parecidas?