Durante los últimos años, el campo de los materiales vivos ingenierizados ha logrado avances significativos en la integración de células vivas en estructuras que pueden exhibir propiedades autogenerativas. Sin embargo, uno de los mayores retos ha sido encontrar métodos de fabricación que no comprometan la viabilidad de estas células, especialmente en el caso del micelio fúngico, un material prometedor que hasta ahora se veía afectado por procesos que empleaban calor o secado químico.
Recientemente, un equipo de investigadores del Instituto de Tecnología Avanzada de Shenzhen, en China, ha desarrollado una innovadora plataforma capaz de preservar la actividad metabólica del micelio en láminas textiles flexibles. Este avance, presentado en la revista Science Advances, utiliza agregados de micelio moldeados a baja energía y tratados con glicerol. Este método permite la creación de una matriz duradera que mantiene la viabilidad celular, aumentando la ductilidad del material en un 50 % sin sacrificar la resistencia del tejido.
Lo más notable de este desarrollo es que la preservación de la vida celular en el textil le confiere la capacidad de responder activamente a su entorno. Al aplicar nutrientes en áreas específicas del tejido, el hongo no solo puede formar patrones personalizados, sino también regenerar su superficie. Esta microestructura le otorga al material propiedades autolimpiables, ya que su fuerte hidrofobicidad hace que el agua y los residuos se deslicen rápidamente.
El equipo ha ido más allá al incorporar variantes genéticamente modificadas de la levadura Saccharomyces cerevisiae, lo que permite agregar color al textil sin utilizar tintes contaminantes. Esta levadura se ancla de manera estable al hongo, produciendo pigmentos de distintos tonos. Además, la inclusión de Aspergillus niger en la estructura del tejido aporta capas ricas en melanina, capaces de bloquear la radiación ultravioleta y actuar como antioxidantes.
Para demostrar la aplicabilidad de su investigación, los científicos confeccionaron un vestido prototipo a partir de diferentes módulos de estos textiles vivos, integrando áreas autolimpiables y paneles coloreados de manera biológica. Al final de su ciclo de vida, el vestido mostró una biodegradación casi completa al ser enterrado en el suelo en solo 41 días, sugiriendo un impacto ambiental significativamente menor en comparación con las fibras sintéticas convencionales.
Este avance en la creación de textiles a base de hongos no solo destaca la innovación en la moda sostenible, sino que también abre las puertas al uso de estos materiales en sectores de economía circular y en aplicaciones como el envasado biodegradable, la vestimenta técnica adaptativa y la arquitectura sostenible. Con ello, los investigadores proponen una transición hacia soluciones más responsables y ecoamigables en el diseño y consumo de productos.
Fuente: Agencia Sinc


