El uso intensivo de redes sociales entre los adolescentes ha comenzado a asociarse con un incremento en problemas de ansiedad, dificultades de concentración y alteraciones en el descanso, según un reciente informe de Cigna Healthcare. La generación que ha crecido en un entorno de «scroll» infinito y en el modo «siempre conectado» está empezando a establecer límites en su interacción digital. Aunque las redes sociales siguen siendo un espacio vital para la socialización y la autoexpresión, un número creciente de adolescentes está reconociendo que esta permanente conexión no siempre les genera bienestar.
La adolescencia es una etapa particularmente sensible desde el punto de vista neurobiológico, durante la cual se consolidan habilidades como la atención sostenida y la regulación emocional. Un entorno que recompensa la gratificación instantánea puede intensificar la dependencia de estímulos externos y aumentar la vulnerabilidad emocional de los jóvenes. Según un informe de Plan International, el 36% de las chicas y el 27% de los chicos admiten pasar más tiempo en redes sociales del que desearían. Este porcentaje asciende al 51% entre jóvenes de 17 a 21 años, quienes identifican la sobreexposición a las redes con malestar emocional y problemas de concentración.
El problema se agrava cuando el cerebro se acostumbra a la gratificación inmediata proporcionada por las notificaciones; la falta de respuesta puede provocar ansiedad y una sensación de vacío. Además, la comparación constante con ideales de belleza y estilos de vida aparentemente perfectos puede deteriorar la autoestima y afectar la autoimagen, mientras que la presión por estar siempre disponibles no solo causa fatiga emocional, sino que también puede interrumpir los patrones de sueño al exponerse a la luz azul de los dispositivos durante la noche.
Elena Luengo, directora de Innovación de Cigna Healthcare España, señala que la adolescencia es un periodo crítico para el desarrollo del control emocional e impulsa la importancia de establecer límites en el entorno digital. Reconocer la necesidad de hacer cambios en su relación con las redes es un indicativo de la creciente conciencia que tienen los adolescentes sobre su salud mental y una forma de autorregulación que puede tener ramificaciones positivas para su bienestar futuro.
Asimismo, las consecuencias de esta hiperconectividad pueden trascender la adolescencia. Estudios de Cigna Healthcare indican que el 49% de los españoles no siente que pertenezca a una comunidad, con uno de cada tres individuos autodenominándose socialmente excluido. Esto sugiere fragilidad en las relaciones interpersonales en la era digital, lo cual invita a reflexionar sobre los hábitos de conexión y su impacto en la construcción de relaciones y el sentido de pertenencia a lo largo del tiempo.
Expertos de Cigna Healthcare ofrecen recomendaciones para mitigar los riesgos asociados al uso intensivo de redes sociales:
1. Reducir la exposición permanente del perfil para disminuir la presión estética y la comparación.
2. Limitar la audiencia digital, creando un entorno más seguro al restringir el acceso a un círculo de confianza.
3. Priorizar contenidos efímeros que permitan una expresión más espontánea y menos perfeccionista.
4. Establecer pausas digitales periódicas para favorecer la recuperación del descanso y mejorar la concentración.
5. Disminuir la exposición de la imagen personal para proteger la autoestima en una etapa crucial para la formación de la identidad.
Estas estrategias pueden ser herramientas efectivas para salvaguardar la salud emocional y mental de los jóvenes en su interacción con el entorno digital.




