Este lunes se marca el primer aniversario del devastador ataque de Hamás y otros grupos armados palestinos en el sur de Israel, que resultó en aproximadamente 1200 muertos, cerca de 5500 heridos y la toma de más de 200 rehenes, muchos de los cuales permanecen cautivos en Gaza. La retalia de Israel a este ataque se tradujo en una extensa ofensiva contra la Franja de Gaza, una operación que sigue en curso y que ha desencadenado una devastación inimaginable en la región.
La ONU conmemora esta fecha enfatizando el “alto y terrible costo que esta guerra impone en la población civil”, instando una vez más a que se logre un alto el fuego que permita la entrada constante de ayuda humanitaria en Gaza y propicie el diálogo hacia la paz. Joyce Msuya, coordinadora de la Asistencia de Emergencia, describió los últimos doce meses como un periodo de “tragedia implacable”, subrayando que debe llegar a su fin. Hizo un llamado urgente a los Estados Miembros para que ejerzan su influencia en pro del respeto del derecho internacional humanitario y de los derechos humanos, así como para combatir la impunidad existente en el conflicto.
La situación en Gaza continúa siendo crítica. Los rehenes que están bajo cautiverio enfrentan condiciones inhumanas y son vulnerables a abusos que incluyen la violencia sexual. A su vez, la población gazatí sufre el embate de bombardeos aéreos, operaciones terrestres y un bloqueo que limita severamente el acceso a asistencia humanitaria. La guerra ha llevado a la muerte de más de 41,600 palestinos, la mayoría mujeres y niños, y a más de 96,600 heridos, con miles reportados como desaparecidos.
El sufrimiento en Gaza es palpable, ya que más del 90% de la población ha sido desplazada en medio de constantes órdenes de evacuación, sin un refugio seguro ante la violencia. Mientras tanto, en Israel, las comunidades también enfrentan la amenaza de ataques con cohetes procedentes de Gaza. Las detenciones arbitrarias y las condiciones de tormento que sufren miles de palestinos son una realidad que empeora el panorama humanitario.
La crisis también se agrava con el deterioro de los servicios básicos en Gaza, donde la población enfrenta hambre, enfermedades y falta de acceso a atención sanitaria adecuada. Las instalaciones educativas han sido blanco de ataques, privando a los niños de su derecho a la educación. El personal humanitario, que ha sufrido ataques y abusos, continúa trabajando en condiciones adversas, con más de 300 trabajadores asesinados, la mayoría de ellos de la Agencia para los Refugiados Palestinos.
La OCHA recordó la importancia de la labor humanitaria y el impacto que pueden tener en las vidas de las personas que necesitan asistencia. Sin embargo, la violencia sigue en aumento, y el sufrimiento de los palestinos se extiende ampliamente en Cisjordania, donde las muertes y el desplazamiento forzado por parte de las fuerzas israelíes también son alarmantes.
Joyce Msuya concluyó que no hay palabras ni cifras que puedan reflejar la magnitud de la devastación en la región, pero enfatizó la urgencia de liberar a los rehenes, proteger a los civiles, atender las necesidades esenciales y poner fin a la guerra. La comunidad internacional enfrenta un desafío crítico en este contexto, donde la población civil sigue sufriendo las consecuencias de un conflicto prolongado y desgarrador.
Fuente: ONU últimas noticias