Finstas, Avatares y Perfiles Privados: La Construcción de las Múltiples Identidades Digitales en la Adolescencia

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Finstas, avatares y perfiles privados: así construyen los adolescentes sus múltiples identidades digitales

En la era digital, los adolescentes han comenzado a adoptar formas más complejas y variadas de presentar sus identidades en el mundo en línea. Este fenómeno, según expertos de Qustodio, refleja no solo la búsqueda de una autoexpresión que caracteriza la adolescencia, sino también la influencia de las dinámicas propias de las redes sociales. Así, hoy en día, los jóvenes cuentan con múltiples perfiles que mantienen en diferentes plataformas, adaptando su identidad digital según el entorno en el que interactúan.

La psicóloga Gloria R. Ben, especialista en bienestar digital, señala que esta evolución del concepto de identidad no debe considerarse alarmante por sí misma. Al contrario, representa un aspecto natural del desarrollo en esta etapa de la vida en la que los adolescentes exploran quiénes son y cómo se relacionan con los demás. En esta búsqueda, han surgido conceptos como los «finstas» (falsas cuentas de Instagram), donde comparten una versión más auténtica y menos filtrada de sí mismos con amigos cercanos, en contraste con sus «rinstas» (cuentas de Instagram reales), que son más visibles y pueden estar sujetas a la presión social.

Además, los avatares en videojuegos y plataformas de mundos virtuales brindan otro espacio donde los jóvenes pueden experimentar sin las restricciones de la apariencia física o de la presión del escrutinio público. Gloria R. Ben destaca que aunque estos espacios pueden servir de refugio, permitiendo a los adolescentes experimentar sin juicios, el problema surge cuando la identidad virtual comienza a reemplazar la real, generando desconexión y una percepción distorsionada de sí mismos. Esta pérdida de conexión puede llevar a inseguridades y frustraciones, haciendo que se alejen de sus vidas fuera de la pantalla.

Los datos revelan que los adolescentes en España pasan, de media, 77 minutos diarios en redes sociales, con un enfoque notable en plataformas como Instagram. Qustodio advierte que algunos signos de alerta incluyen el aislamiento social, la disminución del interés por actividades presenciales y una creciente dependencia de su vida digital. Por lo tanto, se vuelve esencial que las familias adopten un papel de acompañamiento en lugar de control, promoviendo un uso saludable de la tecnología.

Los expertos aconsejan que los adultos mantengan una comunicación abierta con los adolescentes sobre su actividad en línea, evitando reacciones punitivas que puedan llevar a los jóvenes a ocultar su realidad digital. Al abordar temas de privacidad y seguridad en línea, se fomenta la confianza y la disposición a hablar sobre los problemas que puedan enfrentar. La educación digital, por lo tanto, debe comenzar mucho antes de que los adolescentes participen en redes sociales, enfatizando la importancia de ser conscientes del impacto que tiene lo que comparten en su vida y bienestar.