Mañana se acaba la Semana Santa, esos días que unos han vivido como fundamentalmente cristianos, llenos de recogimiento, fe y reflexión y otros simplemente como unos momentos culturales o meras vacaciones. Tal vez ahora, cuando toda esta vorágine de sensaciones ha pasado, sea uno de los momentos perfectos para leer una de las grandes obras de José Saramago: El evangelio según Jesucristo.

En esta obra, Saramago realiza una revisión de los evangelios, centrándose en la parte humana de los personajes y dejando de lado el origen divino de las escrituras. Según el propio autor es una especie de “viaje al origen de una religión”, mostrándonos aquellos aspectos en los que las Sagradas Escrituras dejan más sombras.

Ante las posibles críticas de los más religiosos, hemos de advertir que este libro debe ser leído como una novela. No pretende, ni mucho menos, sustituir a la Biblia ni acabar con los preceptos católicos. Lo que hace Saramago aquí es una vida alternativa para Jesús de Nazaret en la que humaniza todos los hechos divinos. A lo largo del libro se potencia, sobre todo, la vida íntima y familiar de Jesús: un personaje muy distinto al que nos ha traído la tradición cristiana. Jesús tiene hermanos, se casa con María Magdalena y habla, a partes iguales, con Dios y el Diablo.

A pesar del ateísmo declarado de Saramago, esta novela no es ninguna crítica a la religión, ya que la conclusión final es que la religiosidad es un sentimiento intrínseco al hombre, con lo que se justifica esa fe y pasión exacerbada por la necesidad de creer en algo.

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Por ello, si quieres conocer un punto de vista más filosófico sobre las historias del cristianismo y la pasión de Cristo, este libro es ideal para tener otra visión de la religión.