Una reciente encuesta realizada por INTIMINA ha puesto de manifiesto la difícil realidad que enfrentan muchas mujeres en España en relación con su salud ginecológica. Según el estudio, el 65 % de las mujeres españolas afirma haber experimentado dolor físico significativo en el último año, un malestar que afecta a la calidad de vida de muchas de ellas. Además, un alarmante 70 % de las participantes asegura que este dolor ha tenido repercusiones en su bienestar psicológico.
El dolor ginecológico, que abarca desde malestares asociados al ciclo menstrual hasta síntomas que surgen durante la menopausia o el postparto, se convierte en una experiencia habitual para una gran parte de la población femenina. Sin embargo, el estudio revela que una considerable cantidad de mujeres siente la presión de ‘aguantar’ su dolor en silencio, con más de la mitad de las encuestadas admitiendo que no manifiestan su incomodidad por vergüenza.
La encuesta, que incluyó a 700 mujeres y 700 hombres de distintas regiones de España, también destaca una desconexión preocupante entre la percepción masculina y femenina sobre la atención sanitaria. Mientras que la mitad de los hombres opina que el dolor se trata de igual manera para ambos géneros, solo el 30 % de las mujeres comparte esa misma visión. Además, un tercio de las mujeres encuestadas siente que el dolor masculino recibe una atención mayor que el femenino.
La Dra. Mercedes Herrero, ginecóloga y sexóloga, señala que esta situación se debe en parte a que muchos problemas ginecológicos son invisibilizados o minimizados, algo que se traduce en un largo camino para el diagnóstico de condiciones como la endometriosis, que puede tardar entre siete y diez años en identificarse. En este sentido, la educación sobre lo que constituye un dolor ginecológico normal es esencial para que las mujeres busquen ayuda y no se queden en el silencio.
El estudio refleja también una profunda cultura del aguante, donde un 77 % de las mujeres siente que deben resistir el dolor y un significativo porcentaje ha oído frases despectivas que minimizan su situación, como «es estrés» o «es normal». Esta realidad se agrava en situaciones críticas, como las de mujeres que han tenido cesáreas, quienes, aunque están en desacuerdo con la falta de tratamiento riguroso, sienten la presión de retomar sus responsabilidades rápidamente.
No obstante, entre los hombres se observa un aumento en la empatía y la disposición a hablar sobre estos temas. Un 60 % afirma que no les incomoda discutir sobre la menstruación, aunque la mayoría considera que se necesita más educación sobre el dolor femenino. Esta demanda por un mayor conocimiento y comprensión es un indicativo de que, aunque persisten las brechas, hay una tendencia hacia un diálogo más abierto y una mejor atención de los problemas de salud íntima femenina en el futuro.