La ciudad de Cartagena, famosa por su historia, cultura y coloridas Palenqueras, es solo la punta del iceberg en el esplendor del Departamento de Bolívar, que abarca desde las vibrantes costas del Caribe hasta las montañas de los Andes. Este territorio, con sus paisajes rurales exuberantes, esconde historias de resiliencia y superación en una región marcada por el conflicto armado. A unas dos horas al sur de Cartagena, la vida en pequeñas veredas que rodean extensas ciénagas cuenta una compleja narrativa de dolor y determinación.
Saray Zúñiga, una Palenquera orgullosa, recuerda cómo su vida fue sacudida por años de violencia. «Nunca imaginamos que viviríamos semejante horror», confiesa mientras revive el trauma de los desplazamientos forzados que vivió, llegando a ser desplazada cinco veces. A pesar de las cicatrices que dejó la guerra, el reciente acuerdo de paz firmado en 2016 prometió un nuevo comienzo para Colombia y un camino hacia la reconstrucción de su tejido social.
La FAO ha tenido un rol fundamental en este proceso, facilitando la recuperación y desarrollo rural en Bolívar. A través de diversas iniciativas, como el proyecto de transformación territorial, se busca mejorar las condiciones de vida de las comunidades afectadas por el conflicto. Saray y su comunidad han encontrado en este apoyo la oportunidad de narrar sus historias y sanar a través de la agricultura y el emprendimiento, lo que les ha permitido recomponerse en un entorno que aún recuerda los ecos del sufrimiento.
En este contexto, el caso de Ana Herrera es revelador. Ana tuvo que abandonar su hogar tras la llegada de grupos armados. Con el tiempo, su comunidad pudo formar la asociación láctea ASOCUPAR, trabajando en conjunto para exigir precios justos y mejorar su producción. A pesar del miedo que persistió durante años, la llegada de la FAO significó un cambio, permitiéndoles reconectar con su potencial productivo. «La FAO vino a nuestro territorio a quitarnos el miedo», dice Ana, quien ha visto en la colaboración una vía para recuperar la esperanza y la dignidad.
El impacto de la FAO y sus aliados en Bolívar ha sido significativo: han logrado un aumento en la productividad y los ingresos de las familias agricultoras mediante la implementación de prácticas sostenibles y la promoción de una economía local impulsada por el esfuerzo comunitario. La transformación de modelos de negocio ha permitido a las familias no solo reconstruir sus vidas, sino también restablecer la conexión con sus tierras.
Hoy, en el Punto de Venta Ecológico y Artesanal Toro Sonrisa, Saray se siente realizada. Este lugar, que reúne los productos de diversas asociaciones de la región, es símbolo de la unidad y el esfuerzo colectivo. «Estamos orgullosos de ser lo que somos: campesinos», afirma, destacando cómo el renacer del emprendimiento ha devuelto la tranquilidad y la esperanza a su comunidad.
El camino hacia la paz y el desarrollo en Bolívar sigue siendo largo, pero la tenacidad de sus habitantes y el apoyo de instituciones como la FAO y la cooperación de países como Suecia aseguran que estos esfuerzos sean sostenibles. La historia de estas mujeres y sus familias es un testimonio de que, aun en medio de la adversidad, hay un anhelo por el bienestar, por el retorno a la paz y por un futuro de oportunidades donde sus tradiciones y su conexión con la tierra sean el motor de su sobrevivencia y crecimiento.
Fuente: ONU últimas noticias