El mercado de bonos corporativos ha entrado en una fase de estabilidad que sorprende en medio del actual contexto económico. En particular, se observa que a principios de 2026, los diferenciales del crédito con grado de inversión han caído a mínimos históricos, alcanzando cifras en torno a 80-100 puntos básicos. Esto contrasta con el creciente nivel de deuda empresarial y un entorno de tipos de interés elevados.
Los datos revelan que la diferencia de rentabilidad entre los bonos calificados como A y AA se sitúa en apenas 20 puntos básicos, una cifra que no se había visto en décadas. Este estrechamiento de los spreads es casi idéntico al que se registró en los años previos a la crisis financiera, como en 2006 y 2007, lo que sugiere una percepción de riesgo corporativo muy contenida.
Pedro Santa Cruz, director de Freedom24 IBERIA, S.L., advirtió sobre la desconexión que se está formando entre el mercado y la realidad económica. Explicó que, aunque el nuevo régimen de tipos de interés es significativamente más alto que en años anteriores, el mercado de crédito todavía actúa como si las condiciones de financiamiento ventajosas estuvieran vigentes. «Esa brecha entre la realidad y el precio es donde se acumulan los riesgos», comentó.
A pesar del contexto complicado, la demanda de crédito corporativo ha llevado a una compresión de los diferenciales, impulsada por la búsqueda de rentabilidad más atractiva por parte de fondos de pensiones y aseguradoras. Estos actores, obligados a mantener cierta exposición a renta fija, han continuado adquirendo bonos corporativos con grado de inversión, muchas veces sin una adecuada diferenciación entre los distintos riesgos.
El resultado es un mercado favorecedor para los emisores, que les permite refinanciar deuda o extender plazos bajo condiciones relativamente favorables. Sin embargo, analistas advierten que el principal riesgo podría no ser un aumento de impagos, sino una posible degradación de las calificaciones crediticias, dado que más de la mitad del mercado de grado de inversión está compuesto por bonos BBB, el último escalón antes de ser considerados high yield.
Si se produce una desaceleración económica, el incremento de los costos financieros podría llevar a muchos emisores a una crítica revisión de sus ratios de deuda, desencadenando rebajas de calificación y, posiblemente, ventas forzadas por parte de inversores restringidos. Santa Cruz enfatizó que los desequilibrios en el mercado pueden ir acumulándose silenciosamente y que, cuando se reajusta el riesgo, puede ocurrir de manera abrupta.
Por último, se subrayó que los inversores podrían estar asumiendo un riesgo en el mercado de bonos comparable al de la renta variable, pero sin beneficiarse de su potencial de rentabilidad. «El riesgo real no está reflejado en los precios actuales. Es la prima que el mercado ha dejado de exigir», concluyó Santa Cruz.