El loco enamorado

El 4 de diciembre de 1801 Hölderlin escribe a un amigo: “En la actualidad temo acabar sufriendo la suerte de Tántalo, que recibió de los dioses más de lo que podía digerir”.

Hölderlin fue, sin duda, uno de los casos más claros de entrega de un ser a esas fuerzas ocultas cuyos productos solemos denominar arte. Como Van Gogh, Artaud, como tantos alucinados a los que una tensión infinita ha llevado a la locura…

También Heidegger da una opinión similar cuando afirma: “Hölderlin no se ha escogido porque su obra, como una entre otras realice la esencia general de la poesía, sino únicamente porque está cargada con la determinación poética de poetizar la propia esencia de la poesía. Él es para nosotros en sentido extraordinario el poeta del poeta. Por eso está en el punto decisivo”.

Probablemente Hölderlin no hubiera estado de acuerdo con esta afirmación. De hecho nos advierte en Hiperión , título de una de sus obras, Hiperión o el eremita en Grecia, que: “de la pura inteligencia no brotó nunca nada inteligible, ni nada razonable de la razón pura” y también que “de la nada, por sublime que sea, nunca ha nacido nada”. Porque “el poeta es ante todo un hombre que poetiza y el barro y la miseria que arrastra su poesía, su apetencia de felicidad y sus sueños utópicos, son los que suministran su materia al hecho poético, la leña con que encender su fuego”.

Poco hubiera quedado de la poesía de Hölderlin a no ser por esa carga y esa tensión que encierra, las de un ser perpetuamente insatisfecho, siempre a la búsqueda de algo que podríamos denominar excelsitud.

Es como si mi vida hubiera perdido todo significado; sólo por el dolor sigo notando su existencia”, le escribe Susette a Hölderlin, en Septiembre de 1798, poco después que éste abandonara su casa en calidad de profesor de sus hijos. Susette Gontard, casada con un banquero diez años antes y madre de cuatro hijos, se convierte en el gran amor de Hölderlin que la llamará Diotima en su obra. A la muerte de Susette llegará a casa de su madre con un aspecto irreconocible, explicando de sí mismo que fue golpeado por Apolo. Allí, en la casa materna, se calmará su locura tras un periodo de gran violencia.

El punto de unión entre el amor de Diotima y el amor a la libertad es para él la poesía, y el poeta como guardián de la palabra que nos preserva del caos original: todas estas oposiciones anticipan los temas centrales de la poesía moderna.

Sin la existencia de su obra, serían inconcebibles otras como la de Nietzshe o la de Hermann Hesse, por citar sólo dos nombres capitales en la historia del pensamiento y la literatura.

Hölderlin, el soñador, el “original”, el loco, es la más auténtica voz de su época. Pronto reivindicaron su obra los románticos. Su voz nos sigue llegando con la violencia de lo imperecedero porque nos habla de lo aún no hecho, de lo que quizá nunca pueda llegar a ser, de esa proyección en el futuro y en el vacío que ha engendrado siempre las más bellas obras de la mente humana. Hölderlin sigue vivo en su palabra, que es la palabra eterna de los seres humanos.

¡Andais arriba, en la luz, El loco enamorado 5

por blando suelo,

genios felices!

Pero a nosotros no nos es dado

descansar en ninguna parte;

desaparecen, sufren los hombres,

caen ciegamente de una hora en otra,

como agua, de roca

en roca arrojada

durante años a la incertidumbre.

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