‘El Equipo A’, mercenarios del buen rollo

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Cachondeo padre, desmadre absoluto y una alegoría del croma; ésto es El Equipo A del cine, un vasto producto de entretenimiento sin límites ni reglas pero también sin aspiraciones de calidad y sin pretensiones más allá de llegar hasta lo más hondo de los bolsillos de los espectadores. Lo que vendría a ser el G.I. Joe’s de 2010, vaya.

Ponerse a analizar El Equipo A como si fuera una «película seria» sería un completo error porque lo único que podríamos hacer es rajarla de arriba abajo. El guión se aguanta con pinzas, los giros que pretenden sorprender son de risa e incluso en el aspecto visual deja mucho que desear, y aunque ciertamente resulta espectacular, los efectos digitales cantan de mala manera.

A pesar del despropósito cinematográfico, y aunque suene contradictorio, al final uno sale del cine con buen sabor de boca porque lo que transmite El Equipo A, por encima de todo, es buen rollo. Sin quererlo te entregas, lo pasas bien, te ríes con los chistes malos y ni siquiera te importa que cada escena de acción sea más flipada que la anterior porque desde el minuto 1 uno entiende que todo vale.

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De hecho, la gran cualidad que hace funcionar la película del Equipo A es que encuentra el punto justo entre el respeto por el material original y la genuidad del material nuevo, algo muy meritorio y difícil de conseguir cuando de una adaptación se trata. El objetivo de la película es «putoamoizar» el cuarteto titular hasta más allá de los límites del buen juicio y convertir el nuevo Equipo A en una caricatura del anterior, con los rasgos suficientes para remitir a los predecesores pero suficientemente diferentes como para redescubrir a los Hannibal, M.A., Peck y Murdock y abrir nuevas posibilidades acorde con el entretenimiento y la acción modernas.

Es de justicia decir que los que aguantan la película es el cuarteto protagonista formado por Liam Neeson, Bradley Cooper, Sharlto Cooper y Quinton ‘Rampage’ Jackson. Ellos son la película. Los cuatro se muestran muy entregados, muy divertidos y son mensajeros de un buen rollo que emana de la pantalla y se contagia al espectador que vaya al cine con la misma actitud.

De esto se trata, de hecho, de actitud. El Equipo A es una película muy disfrutable y con mucho que ofrecer a quien espere recibir poco. La otra opción es darse cabezazos contra la butaca de enfrente o, sencillamente, no ir a verla.

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