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El ensayo

¿Quién, en su primeras lecturas, al ver la palabra ensayo en la cubierta de un libro no ha tenido la tentación de dejarlo?

Bien porque ha pensado que sería un tostón o, porque se ha visto leyéndolo con los codos en la mesa y la cabeza entre las manos como si de un libro de texto se tratara.

Como en todo género hay ensayos buenos o menos buenos, pero si el iniciador del género, Montaigne con sus Essais (Ensayos, 1580) consigue que una amiga mía, en los días que puede, desayune a la par que lee uno de sus Essais es que su contenido lo merece.

Y es que resulta que, a diferencia de otros géneros más particulares, el ensayo es una obra de arte. Aparecen en él materiales de construcción y técnicas afines a otras formas de expresión, como la carta, el diálogo, la confesión, el diario, la prosa didáctica y el tratado científico.El ensayo 3

Y además, tiene que cumplir unas características que hace que el escritor no pueda irse por las ramas al expresar, desde su punto de vista personal y subjetivo, temas diversos con gran flexibilidad.

 Si alguien en estos días, en los que el libro toma protagonismo, se quiere sumergir en la lectura de uno de ellos yo recomiendo:

En el bosque del espejo. Ensayos sobre las palabras y el mundo. Escrito por Alberto Manguel, es un libro ameno que se lee como si de cuentos se tratara. Incluso las ilustraciones hacen mención a los clásicos Alicia en el país de las maravillas y A través del espejo. Hago mención al ensayo de Manguel para enumerar dichas características que el ensayo debe tener:

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Brevedad: está compuesto por pequeñas piezas en las que Manguel, a través de sus experiencias personales, nos hace reflexionar sobre los placeres y responsabilidades de nuestro quehaceres vitales.

Carácter sugeridor e interpretativo: la alusión a los dos libros antes citados en forma de frases introductorias como su ilustración ya son de por si bastante sugerentes pero Manguel va más allá cuando expresa, «para mi las palabras de una página le dan coherencia al mundo. Las palabras nos dicen qué creemos».

Intención dialogal: este libro explora los vínculos entre el mundo en que vivimos y las palabras que utilizamos para denominar sus particularidades. Alberto Manguel, que ha cultivado del mundo de la letras prácticamente todas sus facetas, nos dice aquí que «hay una ética de la lectura, una responsabilidad en como leemos y que más allá del diálogo que se establece entre las intenciones del autor y las esperanzas del lector, un libro nos puede hacer mejores y más sabios».

Carencia de una estructura prefijada: el ensayo, al contrario del tratado científico, no tiene un orden sistemático. Aquí expresa Manguel sus experiencias  con otros escritores como cuentos o hace alusión a las charlas que quizá fueron. Piezas sueltas que representan una vivencia personal a la vez que encuentro con la literatura.

Variedad temática: lenguaje, vidas, experiencias, erotismo, economía, ciencia, escritura etc… para componer un mosaico de palabras en las que nos reconocemos.

 –Voluntad de estilo: ésta es una característica imprescindible en el ensayo y Manguel con el suyo, lúcido y ameno, y una prosa elegante, nos conduce por un viaje erudito e irónico a través del corazón subversivo de las palabras. Dice Alberto Manguel que «el conocimiento es como el Everest: hay que escalarlo». No obstante, en este libro ha hecho que la subida sea leve y agradable.

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