El dropshipping se está posicionando como una de las fórmulas de negocio en la red más atractivas para los emprendedores que quieren iniciar un proyecto en internet. Actualmente, muchos influencers están optando por este tipo de negocio que, aunque parece novedoso, funciona dese hace años.
¿En qué consiste el dropshipping?
El dropshipping es un modelo de negocio basado en la venta de productos a través de una tienda online en la que, a diferencia de una tienda tradicional, no se dispone de ningún producto en stock, todos los productos son enviados desde el propio almacén mayorista.
Al no contar con un stock inicial el propietario de la tienda online, que funciona como un intermediario, no necesita realizar una gran inversión para iniciar el negocio, pero la contrapartida es que los plazos de envío se pueden eternizar.
Por norma general, los productos suelen proceder de gigantes del comercio electrónico como Aliexpress, Alibaba o Gearbest, es decir, la tienda online funciona únicamente como intermediario entre el cliente final y el distribuidor para vender el producto más allá de la propia web de Aliexpress o cualquier otra página que ofrezca venta al por mayor de productos.
El margen de beneficios se obtiene al establecer un precio superior al precio que ofrece la página de origen. El modo que tienen los emprendedores de atraer a los internautas a su web es mediante un buen trabajo de marketing online y diseño web, así como establecer una buena relación de confianza con los clientes, pues en el aspecto precio no pueden competir.
El dropshipping, los problemas que hay que enfrentar
A pesar de que el dropshipping puede resultar una fórmula de negocio interesante y con posibilidades, de la que hay mucho revuelo en internet como cursos relacionados, tutoriales, videos explicativos… los emprendedores no pueden olvidar que para iniciarse con el dropshipping hay que cumplir algunas obligaciones legales.
Desde la web Oberlo, una de las plataformas más conocidas de Dropshipping en España, ofrecen amplia información sobre cómo funciona este negocio en la red que, como decimos, puede ofrecer resultados importantes, pero supone asumir también algunos riesgos.
Con respecto a las obligaciones legales, cualquier obtención de ingresos derivada de una actividad regular requiere del alta en el Régimen de Autónomos y la Seguridad Social. La cuota mensual actual se acerca a los 300 euros en caso de no cumplir las condiciones de la tarifa plana que actualmente ofrece Hacienda a los nuevos autónomos.
Esto significa que, el negocio de dropshipping solo comienza a ser rentable si se acumulan ingresos superiores a los 300 euros que supone la cuota de autónomos, pero no es suficiente con esto, pues también hay que cumplir con el pago de impuestos derivados de la actividad comercial: el IRPF y el IVA.
Otro requisito legal a cumplir es la creación de una guía o un manual en el que se describan las políticas de devoluciones y garantía de la tienda, así como las relacionadas con la Ley de Protección de Datos Europea.
Los cálculos que estima Bruno Sanders, un conocido influencer especializado en esta fórmula de negocio, alcanzan un total de 800 euros al mes en concepto de ventas mínimas para que el proyecto de inversión comience a ser rentable. A esta cantidad de dinero se le suma la inversión inicial: curso de dropshipping y plataforma de venta y pluggins, lo que hace una suma de más de 2.000 euros.
¿Puede ser el dropshipping un negocio de éxito?
Muchos jóvenes que se inician en esta fórmula de negocio afirman que se han enfrentado a tasas de devolución de productos superiores al 30%. Este es uno de los aspectos que han de cuidar los emprendedores, que no tienen contacto directo con la empresa mayorista. Uno de los consejos más repetidos por parte de los gurús del dropshipping es mantener un contacto previo con el mayorista para conocer la calidad de los productos,
En caso de que lo que se comercialicen sean productos que proceden directamente de China, el propietario de la tienda tiene que asegurarse de que los productos cuentan con la Certificación Europea. Muchos de los productos comprados en el país asiático no requieren de este tipo de certificación, pero en caso de ocasionar algún daño físico sí pueden suponer algún problema: baterías, dispositivos electrónicos o partes móviles susceptibles de ser tragadas.