El chorizo-western ha nacido

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Hay una secuencia muy conocida de Bienvenido Mister Marshall, de Luis García Berlanga, en que Pepe Isbert (el alcalde de Villar del Río) sueña con los norteamericanos que van venir a visitar su modesto pueblo, y se ve a si mismo como un valiente sheriff que se enfrenta a un matón en una cantina. La escena es muy divertida, no solamente porque Manolo Morán y Pepe Isbert, por su físico, son la antítesis de un héroe del farwest, sino porque hablan un idioma ininteligible -asi como gruñidos- que pretende imitar el acento inglés de los Estados Unidos. La sensación del espectador es que se encuentra inmerso en una aguda parodia del cine del oeste, por cuanto todo resulta falso y como de cartón piedra diríamos.
El problema de El coyote, de 1954, estriba en que, pretendiendo ser una película seria de este genero ya mencionado, no deja de tener ese aire de farsa, de escenario de mentira y patraña, de fingimiento involuntario. Paralogismo mas que sofisma, el film falla porque a diferencia del de Berlanga, en que la intención es hacernos sonreir, en el de Joaquín Romero Marchent, va de veras, con buenas intenciones, pero se cae por su propio peso.
Asi, el vestuario transita todos los topicos de la moda del «salvaje» oeste; y los diálogos, los discursos, parecen sacados de una enciclopedia, o vademécum, cuyo título podía ser algo así como «aprenda a ser vaquero en tres días» y poca justicia hacen a los textos originales de José Mallorquí, quien sí que firmaría, por cierto, varios guiones de posteriores producciones de Marchent. De poco sirve que el protagonista cite al poeta latino Virgilio en su lengua original (latín), cuando, además, lo hace con ese tono de voz tan de arenga a la tropa, que casi todos los actores de la época tenían. Lo curioso es que visualmente, los planos estan muy trabajados, y me parece, se nota cierta influencia de Orson Welles en la composición de los mismos, y en su montaje incluso (Jesus Franco, guionista y ayudante de dirección trabajó posteriormente con Welles) pero es insuficiente para que nos interesemos por la historia. Eso si, a destacar, la secuencia de la muerte del malo.
Todo esto que estoy contando no impide que haya disfrutado -y mucho- con el visionado de esta película, puesto que se trata de la primera vez que este personaje de la literatura popular de los años cuarenta, cincuenta y sesenta es llevado a la pantalla, y eso tiene su mérito, máxime cuando nadie hacía western en Europa entonces (ni siquiera Sergio Leone). La última vez que se filmó al Coyote fue por Mario Camus en 1998, con José Coronado de
protagonista, si no me equivoco.
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Quizás sea el momento de confesar que soy seguidor de la serie puesto que me la leí entera en mi adolescencia, durante un verano en Zaragoza. Mi abuelo tenía la colección de novelas entera (en un armario cuya puerta chirriaba más que la pata de palo de un anciano pirata) ya que se la regalo el propio autor, Mallorquí, que estaba casado con una prima hermana de mi abuelo.