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Edgar Allan Poe

Edgar Allan Poe 3Al principio fue el miedo, después el asombro y finalmente la admiración.

Todo aficionado al cuento debería haber leído a Poe. Como nunca es tarde para disfrutar de su lectura, ahora, que se cumplen dos siglos de su nacimiento, un 19 de enero de 1809, tendrá razones para hacerlo porque hoy la literatura lo recuerda.

En mi casa había unos cuadernillos que editaba Bruguera de Historias extraordinarias y la selección I estaba dedicada a Poe con el cuento «El pozo y el péndulo» en traducción de Julio Cortazar.

Este cuento fue el primero que leí, luego vendrían otros. Al principio fue el miedo lo que me sedujo, de pronto me sentí atrapada en él y desde entonces me ha acompañado la sensación que experimenté al leerlo.

Ahora creo saber el porqué de esa fuerza del cuento después de leer lo que Julio Cortazar escribió sobre su vida. Una vida envuelta en la leyenda que Cortazar, ayudado por Aurora, su mujer, traductora extraordinaria también, nos sintetiza en la insuperable versión castellana de sus Cuentos Completos. Todo lo que relata sobre su vida es explicativo para comprender su obra, de ello resalto lo siguiente:

 “Edgar Poe, más tarde Edgar Allan Poe, huérfano y adoptado fue todo lo sobresaliente que cabía esperar como estudiante, sus condiscípulos lo muestran dominando intelectualmente. Habla y traduce las lenguas clásicas sin esfuerzo aparente. Lee infatigable, historia antigua, historia natural, libros de matemáticas, de astronomía y, naturalmente a poetas y novelistas.

Sin embargo el clima es peligroso en la universidad virginiana, donde los estudiantes se amenazan con pistolas y luchan hasta herirse gravemente, entre dos escapatorias a las colinas y alguna francachela en las tabernas de los aledaños.

Poe tenía esa presencia que habría de subyugar siempre las mujeres que cruzaron por su vida. Que fue un pertinaz enamorado, constituye otro cargo irrefutable.

El estudio, el juego, el ron, las fugas, todo es casi lo mismo. Cuando las deudas de juego alcanzaron una cifra exasperante para su protector, John Allan, éste se negó una vez más a pagarlas, Edgar tuvo que abandonar la Universidad.

A partir de ahí los acontecimientos se sucedieron rápidamente. Se negó a estudiar Leyes y se marchó a Boston. Escribió un libro de poemas que no se publicó. La miseria le condujo al ejército que abandonará para seguir escribiendo y más adelante solicitar su admisión. Deudas, amenaza de arrestos, escándalos, inadaptación a las reglas de los hombres hacen que entre en una espiral de destrucción que se alternan con periodos de creación.

El fin de 1845 es también el fin de la gran producción. Si dicho año marca su momento más alto en la fama, es también el comienzo de una caída proporcionalmente acelerada. El año 1847 mostró a Poe luchando contra los fantasmas, recayendo en el opio y el alcohol. Murió a las tres de la madrugada del 7 de octubre de 1849”.

 ¿Cuales han sido entonces los méritos literarios de Poe? Fue el creador del cuento moderno tal y como lo entendemos hoy día, eligió narrar en primera persona dejando atrás al narrador omnisciente, aquel que todo lo sabe para aportar desde el “yo” una veracidad en el relato como si de su propia vida se tratara.Es también el inventor de la novela detectivesca en donde el protagonista resuelve sus casos a través de métodos deductivos basados en el poder de la observación. Fue uno de los antecedentes y precursores de lo que hoy conocemos como “ciencia ficción”.

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Hizo incursiones en el campo de la poesía, algunas de sus obras como “El cuervo”, “Ulalume” y “Annabel Lee” reflejan una extraordinaria musicalidad y logran concentrar líricamente las obsesiones narrativa que tan bien explorara en su ficción breve.

 Por qué leer a Poe, un escritor sombrío y tenebroso; ¿para superar nuestros propios miedos?, ¿para sentir el cuento como una flecha que te deja tocada? 

En la edición comentada de su «Cuentos completos» Páginas de espuma, un cuentista moderno, Eloy Tizón, comenta “El escarabajo de oro” y es interesante resaltar lo que dice sobre el autor.

 “Quizá sea justo ese fetichismo por el desenlace perfecto, el artefacto bien rematado y el broche de oro, lo que nos hace dudar un poco de su aureola de precursor del relato moderno, un territorio que creemos que él vislumbra pero no llega a conquistar, hazaña reservada para otras mentes de una generación posterior como Henry James o Antón Chéjov.

Entiendo por relato moderno aquel en que el texto no sólo cuenta, sino que también “se cuenta”. No sólo muestra, sino que también “se muestra”. No sólo dice, sino que también “se dice”, en un intenso arco de producción de sentido y desvelo, a través del cual el creador tira de la alfombra y el texto tiene el coraje de poner en entredicho sus propios mecanismos de representación.

La distancia que media entre la literatura premoderna y la literatura moderna es la misma que media entre el escarabajo de Poe y el escarabajo de Kafka. Siendo el mismo insecto, no pueden ser más dispares. El primero es un objeto tornasolado y brillante, chapado en oro, lujoso. Samsa, en cambio, es un monstruo oxidado que cojea en los pasillos. Mitigar ese brillo y renunciar a ese lujo ha sido una de las preocupaciones de la literatura más inquieta y menos complaciente.

Esto no implica juicio de valor alguno, sino la constatación de una quiebra. Poe hizo cuanto pudo, y lo que pudo es mucho. Sembró el suelo de estrellas fértiles, pero no esperó a ver crecerlas. Su herencia se diluye en un sinfín de imitadores que no alcanzan su horror de enterrado vivo en el panteón de la literatura. Tantos años más tarde, y aún sigue poniendo el grito en nuestra mesilla de noche”.

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