Os dejo una nueva crítica, esta vez de un libro de Warhammer.
La fuente sigue siendo la misma http://www.fantasymundo.com pero en esta ocasión el autor de la entrada es David Moniño
Trascribo tal cual la entrada esperando que os guste.
Genevieve, la vampiresa, debe asistir a una obra de teatro que representa el triunfo de su compañía, veinticinco años atrás, sobre el hechicero más sanguinario que había existido hasta nunca: el mismísimo Drachenfels. Eso la llevará por un sendero de malos recuerdos e intrigas pseudopolicíacas que tendrá un trágico final.
La novela gira alrededor de una obra de teatro, y el autor imprime dramatismo a cada escena, convirtiendo a lector en espectador secundario de ese dramatismo
La novela, primera parte del «Pack Las Aventuras de Genevieve» (Timun Mas), no puede empezar mejor: una fortaleza embrujada, un grupo de aventureros, y magia y espadas en una combinación encantadora. El autor utiliza el recurso del grupo equilibrado enfrentándose contra las fuerzas del mal, pero al mismo tiempo trata de ser realista, haciendo saber al lector que las probabilidades de supervivencia son escasas. Con este perfil de comienzo, la obra en su totalidad se asienta sobre buenos cimientos, de cara a la futura profundidad y comprensión de los personajes.
Es muy original la forma que ha tenido Jack Yeovil de estructurar la novela, como si de actos de una obra de teatro de tratara. Supongo que debido al enfoque que el personaje de Detlef Sierk le da a la misma. Así la propia estructura le confiere cierta abstracción al texto, muy acorde con los decorados demoníacos de la fortaleza de Drachenfels.
Yeovil no trata al personaje de Genevieve como a un vampiro clásico. El hecho de ser vampiresa se refleja más bien en los poderes que obtiene como tal: longevidad, fuerza… A todos os efectos es tan humana como el resto de los personajes. Es quizás por eso que el propio Drachenfels parece más monstruoso de lo que realmente es, y lo es bastante.
La literatura vampírica contemporánea ha sufrido un cambio radical del que nos hemos percatado, y del que he hablado en otras ocasiones. Desde que Bram Stoker nos dejó su primer vampiro humanizado, pasando por las Crónicas Vampíricas de Anne Rice, hasta los vampiros propios de Warhammer, bien con nuestra pseudoheroína Genevieve, bien con la saga de Von Carstein, también de esta colección.
Para mi gusto, el autor se entretiene demasiado en detalles que tienen muy poca importancia para la historia, como la descripción de lo bien que se lo pasan los personajes disfrutando de ciertas fiestas y veladas, más propio de una literatura algo más renacentista. El motivo puede no ser otro que el de conferir a la obra un ubicación de realismo, pero esos detalles son aburridos, y en lugar de ubicar al lector dentro de la obra, lo que hacen es extraerlo de la misma y hacer que este pierda el punto adecuado de concentración.
Poco a poco, Jack Yeovil va convirtiendo la novela, de una obra de misterio, a casi un clásico típico de la novela negra. El lector, llegando al final, no es capaz de dilucidar si es el espíritu de Drachenfel, el personaje de la obra de teatro, o no. Es es bueno, bajo mi punto de vista, porque siempre he creído en la mezcla de géneros como algo que le confiere riqueza y solidez a una novela. En este caso no se produce la excepción, y puedo decir que me he sentido cómodo con una lectura así.
De nuevo vuelvo a encontrarme con un autor al que le gusta ahondar en la psicología y las motivaciones de los personajes, aunque estos sean secundarios. Sospecho que porque tiene intención de elevarlos al nivel de mejor personaje, cuando a la calidad y duración del mismo, y eso podría requerir conferirles algo más de profundidad. Sin embargo, esas espectativas no se ven satisfechas, y el personaje se acaba perdiendo, causando incertidumbre sobre la lectura. Pienso que la profundidad del personaje tiene que ir ligada a su importancia en el contexto de la obra.
La novela gira alrededor de una obra de teatro, y el autor imprime dramatismo a cada escena, convirtiendo a lector en espectador secundario de ese dramatismo. Como recurso no está nada mal, sin embargo le ha faltado la garra justa para hacerlo decisivo, y aún así el efecto ha sido muy satisfactorio.
Todos los personajes tienen motivaciones más o menos obvias, según haya sido el gusto del autor y la necesidad de la obra. Sin embargo Oswald, quizás el más importante y con más desarrollo, no llega a conocerse hasta el final. Aunque hay ciertas sospechas durante toda la novela. Eso hace que la mezcla de la que hablaba en líneas anteriores, respecto al género secundario, se decante hacia uno de sus componentes, el de la novela negra, sin terminar de desequilibrar la balanza de la obra, más que cuando esta ya está acabando.
Es el primer libro de Warhammer que leo en el que no se narran grandes batallas, y esto también es bueno. Es posible que pierda algo de su carácter en cuanto al origen de la saga, pero al mismo tiempo gana personalidad por esta misma causa.
Respecto a la portada de esta edición de bolsillo, no podía ser más acertada. En primer plano una Genevieve con la espada en la mano, como la guerrera que es, pero al mismo tiempo ataviada con un vestido blanco destacando su femineidad, a pesar de ser una vampiresa. De fondo, y en un plano secundario, se encuentra el propio Drachenfels, que no podía faltar, pues es él quien le da el nombre a la novela.
La novela se puede leer fácilmente, y se debe hacer si se tiene la intención de completar la trilogía; se puede disfrutar como instrumento de entretenimiento, pero no mucho más. Seguramente decepcionará un tanto a los jugadores amantes de Warhammer Fantasy Battle, pues en este caso sólo se produce la similitud en cuanto al trasfondo, y no como derivado del mismo.