Apenas se dio inicio a la sesión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas el pasado jueves, la atmósfera se tornó tensa y conflictiva. Un debate sobre el restablecimiento de las sanciones internacionales contra Irán dio paso rápidamente a una batalla jurídica sobre la legitimidad de la reunión misma. Rusia, a través de su embajador Vasili Nebenzia, solicitó que no se llevara a cabo la sesión, argumentando que las resoluciones relacionadas con las sanciones contra Irán «ya no están en vigor desde 2015». Esta postura fue respaldada por China, que denunció lo que consideró una reactivación «fraudulenta» de las sanciones por parte de ciertos países europeos.
Sin embargo, Francia, el Reino Unido y Estados Unidos defendieron la validez de las sanciones, argumentando que habían vuelto a estar en vigor debido a las repetidas violaciones por parte de Irán de sus compromisos nucleares. En medio de la disputa, fue necesaria una votación de procedimiento para permitir que la sesión continuara, resultando en 11 votos a favor, dos en contra y dos abstenciones.
El debate se centró en el mecanismo de «reactivación» estipulado en el acuerdo nuclear de 2015, que permitía a un estado firmante restablecer automáticamente las sanciones si Irán incumplía sus obligaciones. Este acuerdo, conocido oficialmente como el Plan de Acción Integral Conjunto, tenía como objetivo establecer un compromiso duradero para limitar las actividades nucleares de Irán a cambio de un alivio de las sanciones. Sin embargo, tras el colapso progresivo del acuerdo, las sanciones fueron reactivadas a finales de septiembre de 2025.
Londres acusó a Irán de ser el responsable de la situación, señalando su falta de cooperación con la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA). Desde Estados Unidos, el embajador Michael Waltz instó a implementar las sanciones de manera estricta, advirtiendo que no se debía permitir que Irán continuara actuando sin restricciones.
Desde Moscú, se rechazó la interpretación de que el mecanismo de reactivación estuviera en vigor, reiterando que el acuerdo fue comprometido tras la retirada de Estados Unidos en 2018. Rusia argumentó que los países europeos no podían activar elementos de un acuerdo que ellos mismos habían violado.
Por su parte, China coincidió con la postura rusa, señalando que Estados Unidos había desencadenado la crisis nuclear iraní mediante su salida unilateral del acuerdo. Instó a todos los involucrados a buscar una solución diplomática, denunciando el uso de sanciones con fines políticos.
La disputa no solo refleja un conflicto sobre los mecanismos legales, sino que también se inscribe en una narrativa más amplia sobre el legado del acuerdo de Viena de 2015. Tras la retirada de Estados Unidos, Irán empezó a incumplir sus compromisos, lo que llevó a una escalada en el desarrollo de su programa nuclear. En un contexto regional cada vez más conflictivo, la situación ha dejado de ser únicamente diplomática, transformándose en escenario de enfrentamientos militares, especialmente tras la reciente ofensiva entre Israel y Estados Unidos contra Irán.
En este clima de confrontación y parálisis diplomática, la reciente reunión del Consejo de Seguridad reafirma las profundas divisiones entre las potencias globales, evidenciando las dificultades de la comunidad internacional para establecer un enfoque unificado respecto al programa nuclear iraní y la creciente tensión en la región.
Fuente: ONU últimas noticias


