De monos y hombres

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Cuando yo era jovencito solo existía Televisión Española, con sus dos cadenas, la primera y la segunda. Los sábados noche, emitían en un programa que se llamaba Sábado cine, películas que superaban con creces la mediocridad de los telefilmes, series, películas incluso, que podían verse en otras franjas horarias. Bien, pues en una de esas sesiones gloriosas, que todavía recuerdo como si hubiera sido ayer, vi por primera vez El planeta de los simios de Franklin J. Schaffner.

Me impresionó desde los comienzos. Desde que las primeras imágenes nos sitúan en un mundo tecnológico plenamente desarrollado, capaz de realizar viajes en el espacio y en el tiempo, hasta ese encarcelamiento visual y dialógico en un universo involucionado, algo troglodita y bastante fundamentalista.

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La película, el guión, está basada en una novela del escritor francés Pierre Boule, y a pesar de algunas modificaciones (en la novela, si mal no recuerdo, una pareja  en una nave espacial va leyendo un manuscrito que cuenta la historia, y, hasta el final no se nos revela la peculiar identidad de los mismos) las ideas rectoras se mantienen intactas. Es decir, la crítica al creacionismo (religioso) que niega la evolución humana desde antepasados primates; la crítica al antropocentrismo filosófico que tantos errores científicos ha producido -como el geocentrismo astronómico por ejemplo-; la crítica a una sociedad humana desarrollada como la sociedad mundial de los años sesenta, época de la novela y el film, que en cualquier momento, pese a sus bondades, nos puede abocar al autoexterminio.

No quiero contar mucho del argumento concreto, porque es una película para disfrutar con una mente pura, ajena a todo prejuicio y por supuesto ignorando las pistas claves de la misma. Diré que los actores están muy bien, teniendo en cuenta la dificultad de interpretar con más maquillaje (el 17% del presupuesto del film se fue por ahí) que la Celestina arrebolándose para salir de casa. Uno acaba, de hecho,  medio enamorándose de la doctora Zira (Kim Hunter) tan mona ella… pero bueno, yo es que siempre he sido muy rarito.

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Y por supuesto, Charlton Heston, que tanto le gustaba a mi abuela, se come la cámara y se lleva la película a su terreno cuando y como quiere. No es extraño, porque es el héroe épico por excelencia de tantos y tantos filmes, y éste le va como anillo al dedo.

Imprescindible para los amantes de la ciencia ficción, por supuesto.