Cuando era un crío mataba orcos

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Pues sí, mi iniciación a los juegos de ROL fue temprana. Me he percatado de ello al reordenar viejas cajas en el garaje. En medio del polvo he redescubierto algunos juegos de mesa bien conservados, de finales de los ochenta, que amenizaron las tardes que mi hermano y yo pasábamos en casa durante los días lluviosos de invierno – y también algún que otro día soleado de verano.

Uno de ellos es el entrañable Talisman, de Games Workshop: una segunda edición con su tablero puzzle, cartas, cuatro bases para jugadores y un dado. ¡Qué recuerdos! Al principio no nos aclarábamos con la reglas – más que nada por la impaciencia de querer jugar rápidamente. El juego venía con un manual traducido en italiano, ya que todo lo demás (cartas, tablero, etcétera) estaba en versión original inglesa. Una maravilla que ya no está en venta desde hace once años, y que se puede adquirir en eBay por unos cien dólares. Me recuerda mucho a los videojuegos roguelike.
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Una de las esquinas de la Región Exterior, la Taberna

Evidentemente, Talisman debería ser calificado más como «juego de mesa» que como juego de ROL, ya que requiere menos preparación, menos imaginación, no tiene un master, su guión es fijo y dado de antemano, hay claros ganadores y perdedores, etcétera. Pero yo diría que se halla en un lugar intermedio. Los dos o más jugadores deben abrirse paso por las tres regiones en anillo que componen el tablero, para conseguir – ¡sorpresa! – el talismán, un poderoso artefacto que permite gobernar ese bullicioso reino. Junto a la habitual gestión de rasgos, salud y dinero, el desarrollo del juego se ve bastante afectado por el personaje elegido, por su alineación (buena, mala o neutral), el uso de hechizos, ítems mágicos, etcétera.
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[Dos clases de personaje en Talisman]
El Bardo y la Profetisa, dos de las clases más peculiares de las 14 incluidas con Talisman

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A principios de los noventa fueron otros dos juegos de Games Workshop los que capturaron nuestra atención. Producidos en colaboración con Milton Bradley Co., aparecieron Heroquest y Space Crusade (también conocido como Starquest).
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[La caja de Heroquest]

Bebiendo ya directamente del universo Warhammer y Warhammer 40.000, estos juegos de mesa presentaban más elementos de introducción al ROL: la posibilidad de crear partidas con elementos decorativos sobre un tablero base; la presencia de un Master; una hoja de personaje para dar más persistencia al rol del jugador, etcétera. El acabado era muy bueno, y las miniaturas de plástico, una auténtica gozada. Si aún babeo al ver un catálogo de Games Workshop es por culpa de estos dos excelentes juegos, de los que se sacaron varian expansiones, con libros bien cuidados, storylines más o menos desarrolladas, y una fuerte base de fans – que aún sacan expansiones extra, por ejemplo.

Luego, una serie de coyunturas, el desinterés de mi hermano y la falta de masa crítica local hizo que no siguiera interesándome por este fascinante mundillo – y dejara de lado a los numerosos libros-juego que pedía con avidez a mis padres. Sólo ahora estoy intentando una vuelta a los RPG – más allá, obviamente, de los videojuegos.

Me sorprende, con todo, conocer a gente que critica a los RPG sin conocer sus magníficas cualidades pedagógicas, su fomento de la creatividad y la imaginación, de la capacidad de comunicación, diálogo, negociación, improvisación. O bien esta gente habla por ignorancia, o bien es idiota. Me inclino a pensar lo primero, ya que la imagen que algunos escupen de los RPG está deformada por medios de comunicación de masas, mojigatería tímida y otros factores que se acumulan en un cuantioso blabla. Si dependiera de mí, promocionaría su uso en las escuelas.

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Bueno, ¿y vosotros? ¿Cuándo empezásteis? ¿Y cómo?

Fuente: La Cosa Húmeda, blog de Fabrizio Ferri Benedetti.

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