“Mírate a ti mismo” – Tom Buckley (Cillian Murphy)
Que la peor película de Rodrigo Cortés no sea ni siquiera una película mala es bastante meritorio, pero es una pena que Luces Rojas sea un film tan poco sólido a pesar de partir de unas ideas muy interesantes y de contar con un reparto de alto nivel en su mejor versión.
La incursión en el universo de lo paranormal le va como anillo al dedo al estilo de Rodrigo Cortés, radical y avasallador como pocos a nivel visual, no demasiado lejos de Darren Aronofsky, me atrevería a decir. Luces Rojas se caracteriza por una puesta en escena portentosa y laberíntica que convierte un thriller psicológico en una suerte de cuento kafkiano en el que el protagonista termina luchando, casi sin saber cómo, contra sí mismo y contra su entorno. Toda esta intensidad visual, acentuada con un montaje vertiginoso y un uso muy interesante de los zooms, crean la atmosfera de tensión ideal para que la película, a pesar de sus lagunas, mantenga un nivel de tensión constante y no se haga aburrida.
El problema es que Cortés se concentra tanto en la dirección y el montaje que no ofrece un auténtico punto de vista, tan necesario para que la historia sea importante a nivel dramático, y estoy seguro que estaríamos ante una película mejor si Rodrigo Cortés, en vez de ser guionista, director y montador del film, se hubiera parado un momento a mirarse el material con calma para decidir qué historia quería contar.
Luces Rojas está planteada como un truco de ilusionismo para crear una confusión la veracidad de los fenómenos paranormales, y el complejo ejercicio de funambulismo que supone moverse en esta ambivalencia es tan efectivo que acaba volviéndose contra la película hasta el punto que, al final, la resolución es absolutamente irrelevante porque el espectador no ha tenido la oportunidad de posicionarse como creyente o escéptico ni de empatizar con ningún personaje.
De poco sirve que Robert De Niro realice su interpretación más imponente probablemente desde Heat (Michael Mann, 1995) o que Sigourney Weaver llene la pantalla con su sola presencia, porque al final Cillian Murphy es un protagonista débil de una trama excesivamente desdibujada cuyos puntos interesantes están presentes pero no se alimentan entre sí.