El impacto de la violencia provocada por la circulación de armas pequeñas fue el foco de discusión en una reunión convocada este lunes en la Asamblea General de la ONU. Este evento, resultado de la colaboración entre el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas (ECOSOC) y la Oficina de Asuntos de Desarme, tiene como objetivo fundamental reforzar el control efectivo de las armas a nivel global.
La situación actual es alarmante, con cerca de mil millones de armas de fuego de bajo calibre disponibles en todo el mundo. De esta ingente cifra, un preocupante 85% está en manos de civiles, mientras que un 13% pertenece a arsenales militares y solo un 2% a organismos de seguridad pública. La violencia armada ha dejado un saldo trágico: en 2021, aproximadamente 580,000 personas murieron de manera violenta, con el 45% de estos homicidios ocurridos a causa de armas de fuego. Los hombres constituyen el 91% de las víctimas, en contraste con el 8% que corresponde a mujeres.
Los informes de la ONU revelan que entre 2015 y 2021, las muertes por homicidios superaron a aquellas relacionadas con conflictos armados, un indicador claro de la magnitud del problema. Las tasas de muertes violentas varían notablemente según la región, siendo más elevadas en América del Norte, seguidas por América del Sur, mientras que Asia meridional y sudoriental presentan las cifras más bajas.
Particularmente preocupante es la vulnerabilidad de los jóvenes y las mujeres. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2023 se estimó que 176,000 personas de entre 15 y 29 años son asesinadas anualmente, posicionándose como la tercera causa de muerte en este grupo de edad. Además, el uso de armas pequeñas en contextos de violencia de género y maltrato doméstico está en aumento, con un 24% de las muertes de mujeres en 2021 atribuibles a estas armas.
La ONU también ha señalado que el desvío de armas desde mercados lícitos hacia los ilícitos es un fenómeno preocupante que alimenta la delincuencia. Esta problemática no solo pone en riesgo la seguridad y gobernanza de muchas naciones, sino que también afecta el desarrollo económico, particularmente en estados frágiles. Las armas pequeñas son frecuentemente utilizadas para atacar a trabajadores humanitarios, lo que obstaculiza acciones de asistencia vital y ha resultado en la muerte de personal de la ONU y de organizaciones asociadas.
La cuestión de la tecnología también se plantea como un desafío adicional, pues la capacidad de fabricar armas pequeñas mediante impresión 3D amplía el acceso a estos artefactos mortales. Con la mirada puesta en el futuro, la Agenda 2030 de la ONU se compromete a lograr una reducción significativa del flujo ilícito de armas, lo cual es esencial para avanzar en Otros Objetivos de Desarrollo Sostenible, especialmente el número cinco, que se centra en la igualdad de género.
Fuente: ONU últimas noticias