La República Democrática del Congo (RDC) enfrenta una grave crisis humanitaria exacerbada por una drástica reducción de las ayudas internacionales, especialmente de los Estados Unidos. Según un informe de la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), el país requería 2.500 millones de dólares en 2025 para apoyar a casi 11 millones de personas, pero para enero de 2026 solo se habían recaudado 605 millones, lo que representa solo una cuarta parte de lo necesario y una caída de más del 50% en comparación con el año anterior.
Estados Unidos, que en 2024 fue el principal donante con 920 millones de dólares, ha recortado su contribución a aproximadamente 142 millones en 2025, lo que supone una reducción del 85%. A pesar de seguir siendo el mayor donante, esta disminución ha desorganizado por completo sectores enteros de la respuesta humanitaria en la RDC.
El sistema de salud se encuentra al borde del colapso ante estos recortes. Más de 1,5 millones de personas han perdido el acceso a cuidados esenciales debido a la suspensión de financiamientos en este sector. Organizaciones internacionales han tenido que reducir o cesar sus actividades, y muchas estructuras de salud han cerrado o operan a mínimos. Esto ha generado importantes escaseces de medicamentos y ha limitado servicios vitales como la atención prenatal o el tratamiento de sobrevivientes de violencia sexual. Además, se han documentado prolongadas rupturas en el suministro de antipalúdicos, lo que ha derivado en muertes por paludismo no tratado, debilitando también la capacidad de respuesta a epidemias de cólera, sarampión y mpox.
Las mujeres y las niñas son especialmente vulnerables en este contexto. Los proyectos dedicados a combatir la violencia de género han disminuido a la mitad, mientras que la atención sanitaria para estas poblaciones se ha reducido en más de un tercio, dejando a muchas sobrevivientes de violencia sexual sin acceso a la atención médica, apoyo psicosocial y protección legal.
La educación también ha sido gravemente afectada, con una caída del 48% en los recursos destinados a este sector. Muchos niños, especialmente en el este del país, están viendo interrumpida su escolaridad, lo que incrementa el riesgo de reclutamiento por grupos armados y otras formas de violencia. Además, el cierre de 1.178 centros de atención de malnutrición aguda ha dejado a cientos de miles de niños sin el tratamiento necesario.
Ante esta situación alarmante, las autoridades congoleñas y las organizaciones humanitarias están implementando un reajuste en la respuesta humanitaria, centrándose en las necesidades más urgentes. El presupuesto del plan ha sido reducido de 2.500 a 1.400 millones de dólares. Sin embargo, las agencias advierten que sin una reacción rápida de los donantes, la ayuda humanitaria no podrá cumplir con su mandato de proteger a los civiles y preservar la dignidad humana en un país que ya enfrenta una situación crítica.
Fuente: ONU últimas noticias





