Esta carta no va a dirigida a ti que te gusta el cine, que sueles ir al cine, que pagas una entrada no precisamente barata porque te gusta invertir una parte de tu tiempo de ocio viendo una película. No, esto va dirigido a ti, jodi@ imbécil, maldit@ tocapelotas, a ti que no sabes como aguantar tu existencia un sábado por la tarde y decides irte al cine porque otros tengan que soportarte.
A ti te odio a muerte y no soy el único que lo hace. Quiero que lo sepas, aunque probablemente ni leas esto y, en caso de hacerlo, quizá eres tan cort@ que ni te sientas identificad@.
Es una absoluta falta de respeto ir al cine a molestar. Y hay matices, no me gusta ser quisquilloso. Ver una película en una sala grande con más gente no es un acto onanista, es un placer colectivo. Nadie te impide reír ni llorar, ni siquiera reír mientras otros lloran, que todavía es más divertido. Por favor, grita si te asustas y suelta un “madre de diós” si lo que ves no te gusta, te invito a hacerlo. Ah, y no dejes de comentar (en voz baja) la película con tu acompañante de al lado si a él no le importa, a veces ayuda a no perderse detalle. ¿Sabes qué puedes hacer también? Comer. En el cine no dejan fumar pero permiten comer, así que si quieres aprovéchalo, el ruido puede molestar, pero estás en tu derecho. Será que ir al cine no te ofrece cosas…
Pero lo que debes saber, y es ley de vida, es que tu libertad termina dónde empieza la de otro. La de otro que ha pagado una entrada tan cara como tu. Esta persona no tiene por que oírte haciendo bromas estúpidas con tus colegas, ni tiene que oír como tiras tus palomitas por el suelo ni mucho menos ver como las arrojas a la gente que se sienta unas filas por delante.
Por favor, apaga el jodido móvil, si quiero oír el politono de Lady Gaga miraré Telecinco, pero en el cine lo apagas. Y sinó lo pones en silencio y no tengas la jeta de mirar la hora a media película porque bastante molestan ya las lucecitas del pasillo como para tener que ver la de tu móvil.
Si eres padre haz que tus hijos se comporten o que, al menos, estén sentados en su silla sin dar patadas a la de delante. Recuerda que debes llevar a tus hijos a ver pelis para ellos, o pelis que quieres que vean por el motivo que sea, pero jamás los lleves a ver una película que te interesa a ti porque no has encontrado a nadie para que te cuide el rebaño. Lo siento, te jodes tu, son tus hijos. Cuando yo los tenga ya me joderé yo, tranquilo.
Y finalmente quedas tu, el más entrañable de todos, el que se duerme y ronca. Ti@, si tienes sueño no pagues 7 euros para echarte una siesta. No me importa demasiado tu presencia porque al fin y al cabo todos nos acabamos echando unas risas a tu costa y quedamos en paz.
En fin, todo este rollo es una forma de canalizar mi cabreo porque ya son demasiadas las veces que me encuentro algún indeseable como tu en el cine y quería que lo supieras, que tengas en cuenta que sobras, eres menospreciable y deberías quedarte en tu casa porque no sabes salir de ella sin hacer de tu presencia un fastidio para el resto de la gente.
La gente tiene paciencia, yo la tengo. Pero quería que supieras lo que pienso de ti. ¿Que cómo vas a saber que me dirijo a ti y no a otro? Lo sabrás cuando vayas al cine y alguien de la sala esté molesto, se gire y suelte “sssht!” tu bajarás la cabeza y te reirás por debajo de la nariz porque te sentirás identificado. En este momento es cuando debes pensar en mi y recordar que eres un soberano tocapelotas y que yo, junto con tantos otros, te odiamos y te animamos a no venir nuna más al cine. Te invito a bajarte las películas por internet. Mejor aún, haz copias y véndelas. Sería la leche porque ganarías un dinerito extra con esto y si, con un poco de suerte, la policía te pilla, te caerá un puraco de tres pares de cojones, que al fin y al cabo es lo que te mereces.