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¿Ausencia de género?

Hay escritores que a la hora de escribir sus libros no buscan un género para expresarse. O bien los abarcan todos o, con la fuerza de una voz narrativa personal, nos van llevando por su mundo de inquietudes y preocupaciones dejando entrever otros mundos a veces ignorados.

Hace bastantes años que entré en las paginas de “Días y noches de amor y de guerra” del escritor Eduardo Galeano (Montevideo, 1940). Galardonada en 1978 con el premio Casa de las Américas, esta obra descubría sin autocompasión ni regodeo la verdadera historia de sus países.

Recuerdo que me fue difícil avanzar en una lectura dolorosa y difícil no por su vocabulario sino por el contenido, una historia a brochazos diría yo y, quizás por esto, tan variada que hacía de acicate para avanzar en ella.

Ahora lo he vuelto a encontrar, estuvo en la feria del libro de Sevilla presentando su último libro “Espejos”.

Un título atrayente, los espejos siempre han dado mucho juego en la literatura, como sugerente es el poema de la contraportada y el que abre el libro:

Los espejos están llenos de gentes.

Los invisibles nos ven.

Los olvidados nos recuerdan.

Cuando nos vemos, los vemos.

Cuando nos vamos, ¿se van?

Este libro mucho más poético que el anterior sigue «violando«, -como al autor le gusta decir-, las fronteras que separan los géneros literarios. A lo largo de una obra donde confluyen la narración y el ensayo, la poesía y la crónica recoge las voces del alma y de la calle y ofrece una síntesis de la realidad y su memoria.

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En los tiempos que corren “explicar” aburre, así como la literatura de izquierdas -comenta Eduardo Galeano con sentido del humor.

«Espejos» construye a modo de pinceladas una historia casi universal. Os dejo aquí la primera de ellas:

De deseo somos

La vida, sin nombre, sin memoria, estaba sola. Tenía manos, pero no tenía a quien tocar. Tenía boca, pero no tenía con quién hablar. La vida era una, y siendo una era ninguna.

Entonces el deseo disparó su arco. Y la flecha del deseo partió la vida al medio, y la vida fue dos.

Los dos se encontraron y se rieron. Les daba risa verse, y tocarse también.

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