Arnold Schwarzenegger: el último gran actor

Arnold Schwarzenegger: el último gran actor 7

Seguramente podríamos definir al bueno de Arnold Schwarzenegger como un actor nefasto aunque enormemente aprovechado. O como mínimo así lo veo yo. El tío es una masa de músculos sin el más mínimo atisbo de talento interpretativo, claro está, pero por razones que tiene la vida ha llegado a ser un actor sobradamente reputado y una gran estrella de Hollywood. Eso sí, no lo saques del cine de acción porque se muere, y no hay más que ver desastres immundos como Un padre en apuros, Junior o Batman & Robin. De todos modos, dentro de su género, Chuache tiene en su haber el papel protagonista de algunas películas que se pueden calificar de “clásicos”, “obras maestras” o, en menor grado, “tremedamente buenas”.

Si seguimos un orden cronológico, la primera gran película que encontramos en la filmografía del susodicho pseudoactor es Conan el Bárbaro (1982). John Milius adaptó para el cine el personaje creado por Robert E.Howard varias décadas atrás. Fue él quién le dio el papel protagonista a un joven y fornido Schwarzenegger, que no tenía que hacer nada más que repartir mamporrazos por doquier en una historia de bárbaros, muy violenta e impactante para la época. Este bautizo, y la posterior comunión con la secuela Conan el Destructor, no pasaron inadvertidos para James Cameron, quién encontró en Chuache al tipo ideal para dar vida a una de las criaturas más míticas del Sci-fi: el Terminator. Y así fue, Terminator (1984) marcó un hito y un referente en el género de ciéncia-ficción y en el cine en general, y “Chuache” estaba allí. Varios años más tarde, repitió papel en Terminator 2: el Juicio Final (1991), seguramente una de las mejores películas que se han hecho nunca, y allí estaba Chuache poniendo cara de nada y soltando balazos y frasecillas míticas para la historia.

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Así pues, los años 80 descubrieron un hombretón que entraba perfectamente en el estereotipo de “héroe de acción” que tanto abundaba esa época, junto a los Bruce Willis, Steven Seagal, Jean-Claude Van Damme, Silvester Stallone, Chuck Norris o Mel Gibson. En esta década prolífica, Chuache tuvo sus oportunidades, que aprovechó en películas de culto como Depredador (1987) o Desafío Total (1990), y alguna cinta de acción de las buenas: Comando (1985).

No obstante, llegaron los 90 y la llama del cine de acción se fue apagando. Ahí Chuache empezó a meterse en proyectos en los que no encajaba ni haciendo palanca, comedias de medio pelo y chorradas por el estilo que van muy bien para el bolsillo, pero mal para una carrera digna, dentro de lo que cabe (no le pidas que gane un Globo de Oro al pobre). Aún así, Arnold tenía dos grandes bazas y dos directores que lo conocían a la perfección y sabían como sacarle jugo: James Cameron (Terminator 1 y 2) y John McTiernan (Depredador). Con ámbos protagonizó dos películas de acción nada convencionales, estrechamente ligadas con la comedia, y que además suponen los dos mejores trabajos de Chuache como actor.

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El buen humor es un poderoso aliado, y en el momento en que el cine de acción puro y duro tira poco, no hay nada como ponerle sátira y auto-parodia al asunto para ganarse la simpatía del público. Con estos ingredientes nos llega El Último Gran Héroe (1993) de la mano del mencionado McTiernan. Realmente es una propuesta original, la conexión entre realidad y ficción y un héroe de acción que entra en el mundo real y pasa a ser vulnerable como cualquier humano. Además, hay guiños estelares como el cartel de Terminator 2, que en el mundo ficticio aparece con el rostro de Silvester Stallone (ya que allí Chuache es un super-policía en vez de un actor).

También con altas dosis de buen humor encontramos Mentiras Arriesgadas (1994), de James Cameron, seguramente el director talismán de Scharzenegger. Se trata de una cinta de acción vibrante y espectacular, que se hace simpática por la humanización del héroe protagonista que acaba mezclando su vida familiar utópica con su trabajo. Sin duda una mezcla explosiva que nos regala grandes escenas gracias, sobretodo, a una brillante Jamie Lee Curtis.

En resumen, esta sería la cara amable de la trayectoria de Arnold Schwarzenegger en el mundo del cine, según mi opinión mucho más relevante que la cara mala (muy mala). En su vida política, por motivos obvios, prefiero no entrar. Sin duda es un mal actor, horrible, de hecho; pero tiene la innegable virtud de vender lo que promete, y en buenas manos nos ha regalado grandes momentos y grandes películas. Su parte de mérito tendrá, digo yo.

Seguramente podríamos definir al bueno de Arnold Schwarzenegger como un actor nefasto aunque enormemente aprovechado. O como mínimo así lo veo yo. El tío es una masa de músculos sin el más mínimo atisbo de talento interpretativo, claro está, pero por razones que tiene la vida ha llegado a ser un actor sobradamente reputado y una gran estrella de Hollywood. Eso sí, no lo saques del cine de acción porque se muere, y no hay más que ver desastres immundos como Un padre en apuros, Junior o Batman & Robin. De todos modos, dentro de su género, Chuache tiene en su haber el papel protagonista de algunas películas que se pueden calificar de “clásicos”, “obras maestras” o, en menor grado, “tremedamente buenas”.

Si seguimos un orden cronológico, la primera gran película que encontramos en la filmografía del susodicho pseudoactor es Conan el Bárbaro (1982). John Milius adaptó para el cine el personaje creado por Robert E.Howard varias décadas atrás. Fue él quién le dio el papel protagonista a un joven y fornido Schwarzenegger, que no tenía que hacer nada más que repartir mamporrazos por doquier en una historia de bárbaros, muy violenta e impactante para la época. Este bautizo, y la posterior comunión con la secuela Conan el Destructor, no pasaron inadvertidos para James Cameron, quién encontró en Chuache al tipo ideal para dar vida a una de las criaturas más míticas del Sci-fi: el Terminator. Y así fue, Terminator (1984) marcó un hito y un referente en el género de ciéncia-ficción y en el cine en general, y “Chuache” estaba allí. Varios años más tarde, repitió papel en Terminator 2: el Juicio Final (1991), seguramente una de las mejores películas que se han hecho nunca, y allí estaba Chuache poniendo cara de nada y soltando balazos y frasecillas míticas para la historia.

Así pues, los años 80 descubrieron un hombretón que entraba perfectamente en el estereotipo de “héroe de acción” que tanto abundaba esa época, junto a los Bruce Willis, Steven Seagal, Jean-Claude Van Damme, Silvester Stallone, Chuck Norris o Mel Gibson. En esta década prolífica, Chuache tuvo sus oportunidades, que aprovechó en películas de culto como Depredador (1987) o Desafío Total (1990), y alguna cinta de acción de las buenas: Comando (1985).

No obstante, llegaron los 90 y la llama del cine de acción se fue apagando. Ahí Chuache empezó a meterse en proyectos en los que no encajaba ni haciendo palanca, comedias de medio pelo y chorradas por el estilo que van muy bien para el bolsillo, pero mal para una carrera digna, dentro de lo que cabe (no le pidas que gane un Globo de Oro al pobre). Aún así, Arnold tenía dos grandes bazas y dos directores que lo conocían a la perfección y sabían como sacarle jugo: James Cameron (Terminator 1 y 2) y John McTiernan (Depredador). Con ámbos protagonizó dos películas de acción nada convencionales, estrechamente ligadas con la comedia, y que además suponen los dos mejores trabajos de Chuache como actor.

El buen humor es un poderoso aliado, y en el momento en que el cine de acción puro y duro tira poco, no hay nada como ponerle sátira y auto-parodia al asunto para ganarse la simpatía del público. Con estos ingredientes nos llega El Último Gran Héroe (1993) de la mano del mencionado McTiernan. Realmente es una propuesta original, la conexión entre realidad y ficción y un héroe de acción que entra en el mundo real y pasa a ser vulnerable como cualquier humano. Además, hay guiños estelares como el cartel de Terminator 2, que en el mundo ficticio aparece con el rostro de Silvester Stallone (ya que allí Chuache es un super-policía en vez de un actor).

También con altas dosis de buen humor encontramos Mentiras Arriesgadas (1994), de James Cameron, seguramente el director talismán de Scharzenegger. Se trata de una cinta de acción vibrante y espectacular, que se hace simpática por la humanización del héroe protagonista que acaba mezclando su vida familiar utópica con su trabajo. Sin duda una mezcla explosiva que nos regala grandes escenas gracias, sobretodo, a una brillante Jamie Lee Curtis.

En resumen, esta sería la cara amable de la trayectoria de Arnold Schwarzenegger en el mundo del cine, según mi opinión mucho más relevante que la cara mala (muy mala). En su vida política, por motivos obvios, prefiero no entrar. Sin duda es un mal actor, horrible, de hecho; pero tiene la innegable virtud de vender lo que promete, y en buenas manos nos ha regalado grandes momentos y grandes películas. Su parte de mérito tendrá, digo yo.

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