‘Airbender: el último guerrero’, Shyamalan toca fondo

Me parece muy adecuado empezar mi reseña sobre Airbender con estas declaraciones de M. Night Shyamalan, en las que defiende su carrera y su último trabajo con uñas y dientes y con una convicción irrevocables. A veces se dice que el genio se distingue por la polémica que genera, porque sólo puede ser o muy amado o odiado a muerte, porque genera debate entorno a su trabajo. Y Shyamalan verdaderamente es así, un artista que le ha dado una vuelta de tuerca muy personal al género fantástico y desde este punto de partida se le debe valorar.

También creo que es una absurdidad pensar que un director como él, que se ha ganado la absoluta libertad creativa, ha hecho esta película para amansar a las fieras y llegar a un público ámplio. Si bien es cierto que Airbender tiene un tirón comercial, también es verdad que Shyamalan es un fan declarado de la serie y es normal que quisiera ser él quien la llevara al cine.

Hasta ahí podemos estar deacuerdo, pero lo que humildemente creo es indiscutible, es que Airbender es un paquetazo de proporciones bíblicas casi imposible de clasificar en la carrera del realizador indio. Para empezar es su película menos Shyamalan de todas, pues sus películas son obras genuinas, de autor, que dentro de un marco fantástico cuenta una historia intimista sobre unos personajes que buscan una verdad o un significado que ponga sus vidas en el sitio que les corresponde. Esto lo hace en cada película que firma, con mayor o menor fortuna, pero es su modus operandi. No obstante, en Airbender este intimismo y esta seña de identidad quedan enterrados bajo más de 180 millones de dólares de presupuesto.

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Con el peso de la historia encerrado en un cajón, lo único que queda en Airbender es una hora y tres cuartos de planos panorámicos, coreografías y millones de dólares en efectos especiales para una «película» que más bien parece un interminable prólogo, ya que los principios básicos de la narrativa se van literalmente al peo.

Airbender es un grave ejemplo de ineptitud y pérdida de identidad, una colección de planos bonitos que quedaría muy bien en un libro de ilustraciones, pero para una película hace falta muchísimo más. Yo no soy un acérrimo defensor de Shyamalan, desde luego, pues creo que salvo en los casos de El Protegido y, en menor medida, la sobrevalorada El Sexto Sentido; el realizador indio no hace buenas películas, pero pueden salvarse porque siempre deja un par de escenas para el recuerdo. Y en Airbender, ni eso.

Todo en Airbender es un completo desastre, desde el planteamiento de la idea hasta la elección estética, pasando por un guión y un discurso deplorables. Sólo hace falta ver las líneas de diálogo ridículas que vomitan todos y cada uno de los actores, todos ellos asesinables ya sea por flipaos o porque parecen pedir socorro para que les saquen de allí. La historia no avanza ni dos pasos, pero lo poco que avanza, es a patadas. Se solapa la voz del narrador con lo que ya vemos, repite las cosas una y otra vez (te explica TRES veces que hay cuatro reinos, que los del Fuego son los malos y que el Avatar debe traer el equilibrio).

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Las leyes que dispone en su universo jamás llegan a poner raíces, y mira que era bien sencillo poner un contexto y cascarse una película de aventuras visualmente currada, pero en cambio lo que vemos es un aburrimiento guarnecido. Incluso las pocas escenas de acción con batallas multitudinarias son un baile de monotonía, con una fatal elección de planos secuencia demasiado largos cargados con la misma cantinela, alteranando acción super rápida con slow motion y algún que otro zoom de propina; la fórmula Zack Snyder en 300 (que no ha vuelto a repetir por alguna razón) pero metida con calzador.

En resumen, Airbender es un fracaso parecido al de Waterworld (relación pretensiones/calidad/resultados), tan mala como Eragon y tan pretenciosa como El Señor de los Anillos, lo que ya de por sí es un insulto en toda regla.

Lo bueno es que después de esto M. Night Shyamalan sólo puede mirar hacia arriba y recuperar la esencia de su cine, que aunque no guste a todo el mundo, almenos tendrá una buena legión de fans que van a tirarse del puente que él se tire, claro está, si no se lo han repensado después de ver Airbender.

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