¿Cuándo es bueno un poema?

¿Cuándo es bueno un poema?La poesía es al sentimiento lo que el viento a la polinización– me respondía (y se quedaba tan pancho) Suso¿Cuándo es bueno un poema? 5 Guevara a tan jodida pregunta, mientras observaba un par de plantas secas que deliran en una ceñida ventana de su humilde cobijo. Así es, -continuaba- el poema debe llegar, amigo. De nada sirve que grandes vocablos emplees y de retórica los bañes, cuides su ritmo como en una fragua y todo se ajuste a las leyes de la summun poetica si no consigues que alcancen el estigma del pistilo.

Últimamente me parece que he ganado bastante pegada en este aspecto. Siento que mis versos llegan más, emocionan. Así me lo hacen ver mis lectores (que no son muchos pero algunos hay). He aprendido a componer el poema con estructuras oportunas y técnicas delicadas, y continuamente intento aprender en talleres y cursos, así como del leve éxito de algunos poetas actuales. Todo ello me ayuda a diseñar mejor el poema y está claro que los lectores lo notan. Digamos, al hilo de la comparación de Suso, que he aprendido a escribir con el viento a favor. Pero todo esto me tiene muy confundido.

Sí, confundido porque estos poemas han recibido alguna mención de honor y publicaciones en revistas literarias, así como la de una antología en la que se incluyen a varios autores. ¿Y dónde está la confusión, dirán ustedes? Está claro que ahora escribo mejores poemas, ¿no? Pues estoy confundido porque sigo creyendo en esos poemas que escribí alguna vez y que hacen desfilar un ejército de puercoespines por mi cuerpo, aunque nadie los entienda. Sigo creyendo en esos versos acompasados y rimados como en una carambola del billar pero extrañamente musicales. Sigo creyendo en esos versos diferentes y originales, tanto que sólo los imagino en mi voz. Sigo creyendo en esos versos desatendidos por los certámenes y rechazados por las revistas y editoriales. Sigo creyendo en ellos y abrazado como un náufrago a un trozo de mástil en mitad del océano.

Suso esboza una media sonrisa oyendo mi perorata mientras agarra la regadera y se dispone a empapar las macetas que portan un yermo amarillo que huele a varias semanas.

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