A menudo se ha utilizado el apelativo de «Literatura de anticipación» para referirse a la Ciencia Ficción (CF) como un todo. No obstante, el que escribe considera que no toda la CF es anticipación (en algunos casos tampoco literatura, pero eso es tema de otra conversación), más aún, pocas obras del género merecen -de nuevo desde mi poco humilde punto de vista- ser consideradas como literatura de anticipación.
Para ser tenido como «literatura de anticipación» un relato o una novela de CF requieren tratar sobre un futuro plausible, realizable. Y esto no solamente en lo científico; política, sociedad, psicología humana han de formar necesariamente parte del coctel que el autor nos ha de servir.
Más recientemente se ha acuñado un termino: Real Science Fiction (Ciencia Ficción Hiperrealista, según se ha dado en llamar en castellano) que, más o menos, encaja con lo que yo identifico como literatura de anticipación.
Kim Stanley Robinson es uno de los paladines destacados de esta corriente. Durante dos décadas se dedico a investigar conjuntamente con científicos y técnicos de la NASA para comprender las posibilidades reales de la colonización de nuestro Sistema Solar. Fruto de esta colaboración es su Trilogía marciana, compuesta por: «Marte Rojo» (Red Mars, Spectra, 1993), «Marte Verde» (Green Mars, Spectra, 1994) y «Marte Azul» (Blue Mars, Spectra, 1996).
En Las casi dos mil páginas con las que cuenta la edición española (Minotauro, 1996, 1997 y 1998 respectivamente) el autor nos hace recorrer los dos siglos (desde año 2026 al 2212) que van desde la primera expedición colonizadora –los primeros cien– hasta la implantación de una nación marciana independiente y perfectamente conformada. No se trata aquí de detallar los pasos seguidos para la terraformación de todo un planeta -que se hace- sino también de explorar en como se desarrollaría social, política y psicológicamente el grupo humano que conquistaría primero y poblaría después, con todo derecho, la roja orbe.
K. S. Robinson nos narra una historia de logros y fracasos, nos presenta unas descripciones de sobrecogedora y poética belleza y desarrolla unos personajes poliédricos de compleja y enriquecedora psicología. Es difícil no terminar amando ese Marte imaginado y posible.
Ahí, sin embargo, no queda la cosa. El escritor no se olvida que la Tierra puede llegar a ser un molesto y hasta peligroso vecino. En el ínterin nuestro planeta también se ve sacudido por acontecimientos y tendencias de diversa magnitud que afectarán de múltiples formas su propia evolución y su relación con Marte: el cambio climático, la evolución de las empresas que llegan a tener un poder y una capacidad de acción muy superiores a la de los distintos países, la incesante presión demográfica entre otros factores son desarrollados en la obra con acierto y claridad de visión. Lo importante no es sólo lo que sucede, sino que lo que sucede siempre tiene consecuencias.
Al final seremos testigos de como se desarrolla frente a nosotros una cultura marciana propia que no por exótica nos llega a resultar extraña: nuevas formas de relación social, nuevas variantes religiosas, nuevos deportes, una nueva ética y práctica del sexo o una organización política propia son solo algunas de las características de esta cultura que vemos nacer y desarrollarse e incluso, en algunos casos, fracasar y morir.
Marte Rojo, Marte Verde, Marte Azul: Ciencia Ficción para aquellos a los que no les interesa/gusta la Ciencia Ficción.
Como dato curioso, la bandera de Marte se inspira en la «Trilogía marciana» de K. S. Robinson.