Bonito día en Sitges, no climatológicamente hablando porque el viento y la lluvia se han ido alternando para tocar los cojones, pero sí por la actividad de la jornada.
Durante la mañana hemos podido asistir a dos encuentros con mitos del cine fantástico y de terror, estos genios apartados de los grandes estudios que hacen un cine para públicos selectos y que todos los que venimos aquí en Sitges les valoramos como se merecen. Tanto Joe Dante como Roger Corman han compartido su sabiduría y su experiencia con un agradecidísimo público que les ha acribillado a preguntas sobre su vida, su trabajo y sobre el cine en general que han respondido distendidamente y con mucho gusto.
En materia fílmica, el protagonismo de hoy era para el cine japonés, de la mano de dos directores habituales en este festival como son Takashi Miike y Takeshi Kitano. Miike abandona el Instituto Suzuran (Crows Zero, Crows) para presentar en la Sección Oficial 13 Assassins, un remake de la película que dirigió Eichi Kudo en 1963. Se trata de una cinta de samuráis con rigurosos aires clásicos, llena de la acción y el espectáculo tan característicos en su filmografía. Se ha ganado merecidamente los aplausos del público que se ha plantado en el cine a las 10 de la mañana, así que hazaña por partida doble para el excelso realizador japonés.
El otro que vuelve es Takeshi Kitano. Vuelve al Festival y vuelve a los orígenes con Outrage, al cine negro de yakuzas con esta historia plácida y descarnadamente violenta que ha hecho las delicias de quienes conocían su obra y ha dejado atónitos a los que no sabían lo que iban a ver. Outrage era una de las películas más esperadas del Festival y no ha defraudado.
No obstante, en esta sexta jornada también ha habido espacio para la sorpresa con la película de Christopher Smith, Black Death. Es un relato que nos lleva a la Edad Media del siglo XIV, cuando la peste negra asolaba Europa. Un joven monje se mete en un viaje hacia las profundidades de la crueldad para encontrarse con su amada, aunque lo que se encuentra es el mismísimo horror ante sus ojos.
Una película muy dura, sin duda, que aprovecha este encuadre medieval de crisis, desolación y fuertes creencias religiosas para relatar una historia sobre lo peor que puede sacar el ser humano, una crueldad que no entiende de ideales, sentimientos ni razón. Con una puesta oscura y una mirada gélida y el tormento psicológico del muchacho como eje vehicular, Black Death se ha erigido como la sensación del día.
Rematamos la jornada con I want to be a soldier, la producción italiana dirigida por Christian Molina que habla sobre la influencia de la violencia en la televisión y en los videojuegos entre los niños. Se trata de una película sin tregua, y aunque no pretende ser un reflejo de la realidad sí que explota la imaginación de un niño para horrorizar con los límites de una problemática existente.
A mi no me ha gustado, me ha parecido aburrida en su desarrollo y muy poco arriesgada visto lo que propone. Un par de escenas buenas no quitan el hecho de que sea una película panfletaria y terriblemente sosa. No la recomiendo.
Lo mejor de la jornada, pero, al final, con la irrupción de James Gunn en el escenario del Auditori Melià como un auténtico showman para presentar Super, la película que debió ser Kick-Ass. Super ha sido un rotundo éxito judgado unánimamente, por su originalidad e irreverencia, por su hilarante factura y por la profunda historia que cuenta con tan pocos efectismos. Para muchos la mejor película del Festival, pero esto ya se verá el sábado.