Rovaniemi, una ciudad mágica

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Aquél verano de 2.004, en Julio, convertí un sueño en realidad: Viajar al Ártico, a Nord Kapp (Cabo Norte) situado en la isla de Mageroya a 71º 10′ 21» latitud Norte y 25º 47′ 40» longitud Este. La zona más septentrional de Europa. El viaje más bello que jamás realicé, hasta aquellos momentos. Abarcaba los países de Suecia, Noruega y Finlandia, en parte poblada por los samis, habitantes de Laponia.

Los paisajes más fascinantes que había visto hasta entonces, y que nunca imaginé, se encontraban en aquella latitud del planeta. Los fiordos, de azules aguas, las montañas oscuras, en contraste con las nieves que las cubrían, se reflejaban en sus aguas. Extensas tundras, sin fin, de verde musgo, líquenes y matorrales autóctonos de varios colores, azotadas por la ventisca y la nieve. Bosques de abedules y abetos rojos, que con dificultad por su espesura, se elevaban hacia el cielo. En realidad el paisaje, la auténtica naturaleza en todo su esplendor, era la protagonista de estos incomparables lugares. El aire, helado, y el olor a hierba fresca hacían sentirme embriagada. Me embelesaba al  contemplar tanta belleza.

En estas regiones septentrionales, la temperatura media en el mes de Julio suele estar por debajo de los 5º. La estepa se convierte en prados, y los árboles enanos, debido a la poca profundidad de los líquenes no alcanzan mucha altura, son auténticos  bonsais. Por algunos sitios, el terreno forma ligeras ondulaciones, imaginaba que era un gran mar de color esmeralda. Estos inmensos bosques, sólo divididos por el asfalto de la carretera que lo atraviesa. Pude contemplar numerosos rebaños de renos, pastando libremente.

De todas las ciudades árticas que visité, una me dejó sorprendida, es única en el mundo, se llama en finés Rovaniemi; en sami, idioma lapón es Roavenjarga, situada al norte de Finlandia. Es la región de Lappi-Lappland. Alberga la cuarta parte de la Laponia Finlandesa. Dos grandes ríos del país confluyen: Ounasjoki y el Kemijoki, por lo que está dividida en dos orillas. En una parte la ciudad urbana, y en la otra, barrios de casas que se adentran en la zona de bosques que la circundan. Situada cerca del Círculo Polar Ártico, goza de la peculiar luz ártica: el Sol de Medianoche; puede contemplarse desde el 14 de Mayo hasta el 29 de Julio.

Es una ciudad pequeña y tranquila; moderna, después de la reconstrucción realizada bajo la dirección del Arquitecto Alvar Aalto, ya que fue destruida durante la II Guerra Mundial. Es curioso que, el entramado de sus calles es semejante a las astas de un reno. Cuenta con dos museos importantes: Arktikum – Museo del Ártico – y el Museo Provincial de Laponia.

Durante mi estancia por estos lejanos lugares, nunca hubo noches. Pude observar que los biorritmos de mi organismo se alteraron, a la vez que el reloj biológico se descontrolaba. Me percaté de la vitalidad que irradia el Sol. Era una extraña sensación que experimenté en los primeros días, hasta que me adapté al cambio. Sin embargo, durante el invierno, apróximadamente durante mes y medio, el Sol no aparece nunca sobre el horizonte; se le llama la noche polar que, a veces, aparece iluminada por las sugestivas  auroras boreales. Según se dice, en invierno es la ciudad donde la nieve brilla debajo de las asombrosas luces que éstas desprenden.

Laponia es el lugar mágico de Papa Noel o Joulupuki, como allí le llaman. Aquí se vive el espiritu de Navidad, como en ningún otro lugar del mundo. Ya que me encontraba en este apartado lugar, decidí visitar la casa de este singular, y a la vez, querido personaje.

A unos 7 Km. de Rovaniemi se encuentra, denominado por los fineses, como el Napapiiri, o Círculo Rovaniemi, una ciudad mágica 3Polar Ártico  66º 33′ 07» Norte y 25º 50′ 51» Este.

Exactamente en este lugar te adentras en el mundo mágico y extraordinario que rodea Papa Noel, para unos; Santa Claus, para otros o San Nicolás. Es un paraje montañoso conocido por Korvanturi. Está situado en medio de una gran explanada circundada por un espeso bosque de pinos rojos y abedules. En el suelo puede observarse que, una gruesa franja circular, color blanco, indica la separación de ambas partes del Círculo Polar Ártico.

Es un gran conjunto de edificios de madera, algunos pintados de rojo, estilo característico de esta zona, los exteriores están adornados de pequeñas guirnaldas de lucecitas de colores y motivos navideños. Aquí se puede disfrutar de la Navidad durante todos los días del año. Hay fábricas de juguetes, tiendas que comercializan los más diversos adornos, curiosos regalos y felicitaciones. Algunas cafeterías y restaurantes al más puro estilo finés; para combatir el frío degusté unos dulces típicos y una enorme taza de humeante chocolate. Aunque me parecía irreal que fuera el mes de Julio.

En todo el recinto, a través de la megafonía, se escuchaban canciones y músicas tradicionales navideñas.

No resulta extraño que en un paraje tan asombroso se halle el pueblo de nuestro querido Papa Noel. Quizá, sería la ilusión que sentía por encontrarme allí, algo prodigioso, un ambiente surrealista y maravilloso; o porque imaginé retrocedía a mi niñez, noté como era envuelta en un halo misterioso y mágico. Una poderosa sensación de paz, más bien de plena felicidad, me invadió. Estaba viviendo el sueño que anhela todo niño, de cualquier edad, de 0 a 90 años. ¡Estaba en la ciudad de Papa Noel. En su casa. Pude estar sentada junto a él, intercambiamos un guiño y le dije sonriendo: Papa Noel, Merry Christma. El tímido ruido de un click seguido del fogonazo de un flash, dejó esa imagen impresa.

 No, no  había soñado.

«La felicidad no es un destino al que llegar, si no una forma de viajar»