La preocupación por la salud y el bienestar ha puesto de manifiesto la necesidad de entender mejor lo que comemos. La nutricionista Oihane Fuertes, del Hospital Quirónsalud Vitoria, subraya la importancia de aprender a identificar los ultraprocesados para mejorar nuestra dieta y prevenir enfermedades inflamatorias como la Enfermedad Inflamatoria Intestinal (EII). Esta patología crónica, que afecta principalmente a jóvenes de entre 20 y 40 años, ha mostrado un incremento en su incidencia en las últimas décadas, coincidiendo con el deterioro de la calidad nutricional de las dietas en países industrializados.
Ante esta realidad, la alimentación antiinflamatoria se ha convertido en una herramienta clave para mejorar la salud general. Fuertes destaca que entender lo que realmente contienen los alimentos, más allá de los valores calóricos y los nutrientes, nos permite hacer elecciones más saludables. Señala la importancia de revisar las listas de ingredientes de los productos bajo la lupa de la dieta mediterránea, como un regreso a lo natural y a lo equilibrado.
«Es crucial revisar el listado de ingredientes en los productos», explica Fuertes. Esto ayuda a identificar rápidamente ultraprocesados, aceites perjudiciales o aditivos que fomentan la inflamación. Un consejo práctico es evitar embutidos con menos de un 85% de carne, favoreciendo opciones más naturales.
Según Fuertes, dos productos con valores nutricionales similares pueden variar significativamente en calidad dependiendo de sus ingredientes. Optar por productos con menos ingredientes no reconocibles y alejados de azúcares añadidos y aceites refinados es fundamental. «Un cambio simple pero eficaz podría ser elegir conservas al natural o con aceite de oliva virgen», sugiere Fuertes.
Alimentos altos en omega 6, lácteos enteros y comida ultraprocesada están entre los principales culpables de la inflamación, mientras que las frutas y verduras frescas son grandes aliados para prevenirla. El consumo de alimentos frescos en España ha aumentado, lo que refleja una mayor concienciación sobre los beneficios de una dieta saludable.
Fuertes también advierte sobre la confusión al considerar ciertos productos como saludables. Embutidos y gulas, vistos a menudo como fuentes de proteína, contienen aditivos y poseen una baja calidad proteica. No obstante, la clave no está en cambios drásticos, sino en pequeñas mejoras progresivas. Introducir hábitos saludables gradualmente puede traer beneficios significativos a corto y largo plazo.
Finalmente, la especialista recomienda incorporar proteínas magras, encurtidos como snack y porciones diarias de semillas de chía y kéfir como probióticos. Estas opciones, sencillas pero efectivas, ayudan a reforzar la dieta sin eliminar completamente los alimentos menos saludables, creando un equilibrio que promueve el bienestar general.





