Increíble pero falso es un pequeño suspiro de alegría, una amable apología de la falacia que nos recuerda que mentir es una característica definitoria inseparable de la condición humana.
Increíble pero falso presenta una variante “utópica” de la sociedad actual en la que no existe la mentira. Y allá esta Mark Bellisson (Ricky Gervais), el arquetipo del perdedor que a pesar de su condición de inferioridad social desarrolla una sorprendente habilidad: mentir. Y con dicha habilidad llega el poder, la fama, el dinero y la capacidad de mover el mundo a su antojo.
En definitiva, se trata de un pretexto curioso y original para una comedia ligera, sin grandes pretensiones pero con encomiable fluidez e inventiva, pues la película tiene una duración de hora y media muy bien optimizada que no deja gastar la idea.
Más allá de la historia de amor (¡qué no falte!), lo interesante de Increíble pero falso es ver el imaginativo dibujo de una sociedad sin engaños, llena de una desbordante honestidad, que le hace sentir incómodo a uno. No existe la reserva, no existe la ficción, la publicidad es de risa, no hay religiones y todo se rige bajo la más estricta y aburrida racionalidad.
Recomiendo sinceramente este simpatiquísimo viaje por el mundo del tópico que nos recuerda que mentir, en todos sus matices, forma parte de nosotros y nos hace interesantes, misteriosos, poderosos, divertidos y, en el fondo, humanos. Mentir es vivir, amig@s.