Matisse y su Ícaro

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Ícaro de Matisse

Ícaro, hijo de Dédalo, recibió de este unas hermosas alas de cera para poder volar. Dédalo advirtió a su hijo de no volar demasiado cerca del sol para evitar que se derritan. Pero Ícaro no hizo caso y se acabó cayendo en el mar.

Henri Matisse nace en 1869 en el sur de Francia. Se traslada en su juventud a París para estudiar derecho y allí descubre su verdadera vocación.

Su relación con la pintura es muy personal. No ve la obra como un reflejo de lo real, sino como una expresión del interior del artista; así , basandose en maestros como el puntillista Seurat o el simbolista Moreau, su primer maestro, inicia un estilo propio con coloes vivos y empastes gruesos.

Poco a poco abandona los colores reales de las cosas y se abstrae a un mundo mucho más interior. El fauvismo es la vanguardia a la que pertenece, cuya base es el color y del que es uno de los máximos exponentes.

El cuadro que tratamos, Ícaro, pertenece a las últimas etapas de su vida y obra. Es del año 1944, diez años antes de su muerte. Hace en esta época cuadros con figuras y objetos muy sintetizados, reducidos a su mínima expresión plástica; además, utiliza el método del collage, convirtiéndose en uno de los pioneros.

La temática mitológica es muy apreciada por el artista, así como las culturas exóticas o el arte primitivo. Este cuadro pertenece a una serie de 20 obras llamada Jazz donde trata temáticas culturales sobre mitolgía y música.

Vemos un Ícaro grande y esbozado, sin apenas detalle. Se trata de una forma recortada donde el autor quiere pintar directamente con el color y así no dibujar para rellenar. Como podemos comprobar, su simpleza es lo que la hace genial. La gran figura negra precipitándose entre estrellas amarillas. La sensación de gravedad, de caída está muy lograda gracias a la postura y a la posición de las estrellas.

Es curioso el fondo azul y la carencia de alusiones que contextualicen el personaje. Sabemos que es Ícaro, sin embargo, las alas se pueden confundir con brazos, no hay mar, no aparece Dédalo… en eso consiste la grandeza del pensamiento de Matisse. La esencia, la pureza hacen la belleza a través del color.

Durante mucho tiempo fue la imagen de la Europa unida.

Se encuentra en el museo Metropolitano de Nueva York.