Las redes de autopistas en Europa se concentran principalmente en áreas urbanas, zonas industriales y puertos marítimos importantes, donde la densidad de población y la demanda de transporte son más elevadas. Según datos recopilados en 2024, las regiones con mayor densidad de autopistas se ubicaron en Alemania y los Países Bajos.
La ciudad de Bremen lideró el ranking con 169 km de autopistas por cada 1 000 km² de superficie terrestre. Le siguen las provincias neerlandesas de Zuid-Holland, con 134 km/1 000 km², y Utrecht, con 124 km/1 000 km². Asimismo, las capitales de Hungría, Austria y los Países Bajos, Budapest, Viena y Noord-Holland respectivamente, también presentaron cifras destacables, con 120 km, 109 km y 108 km de autopistas por cada 1 000 km².
Por otro lado, 20 regiones europeas carecen totalmente de autopistas. La mayoría de estos territorios son islas, destacando seis en Francia, tres en Grecia, dos en Portugal y una en Finlandia. Además, se registran regiones sin autopistas en Polonia, España, Bulgaria y Rumanía.
En un análisis comparativo con datos de 2014, se observa una expansión significativa del sistema de autopistas en Andalucía, donde se construyeron 242 km nuevos. El segundo mayor crecimiento se registró en Stredné Slovensko, con 214 km, y el tercero en Castilla y León, que sumó 191 km de nuevas vías.
En el ámbito ferroviario, las redes más extensas se encuentran en Alemania, específicamente en Berlín y Hamburgo, con 764 km y 639 km de líneas de ferrocarril por cada 1 000 km², respectivamente. Budapest y Praga también sobresalen en este sentido con 484 km y 433 km por 1 000 km². El alto nivel de densidad en regiones como Hamburgo y Bremen se debe, en parte, a las líneas de carga extensas que conectan con los puertos.
Sin embargo, hay regiones en Grecia que presentan la menor densidad ferrovial, con menos de 10 km por 1 000 km², como es el caso de Peloponnisos, Dytiki Makedonia y Thessalia. A nivel europeo, hay 13 regiones sin acceso a redes ferroviarias, siendo cinco de ellas en Francia y el resto repartidas entre Grecia y España.
La infraestructura de transporte sigue siendo un aspecto clave en el desarrollo de las economías locales y la conectividad en Europa, y los datos actuales confirman que la planificación y expansión de estas redes son esenciales para atender las crecientes demandas de movilidad en el continente.


