Su nombre es Emmanuel Radnitzky; nacido en Filadelfia en 1890 en el seno de una familia de origen ruso.
Su fascinación por el arte le viene desde niño, ya que con 5 años ya pinta; aunque se convertiría en una vocación frustrada ya que sus obras pictóricas nunca han tenido éxito. Su especialidad, y por lo que hoy se le reconoce es por su creatividad fotográfica, sorprendiendo y enterneciendo a todos los que contemplan su obra.
Después de la escuela, rechaza una importante beca de arquitectura y no vuelve a estudiar hasta que se traslada a Nueva York donde trabaja de grabador y asiste a clases nocturnas de diseño. En este ambiente, conoce a Picabia y a Duchamp y fundan en 1914 en movimiento Dadá neoyorkino.
Se traslada pocos años más tarde a París y continúa con el movimiento Dadá. Es ahí cuando se da cuenta de que su carrera pictórica no es tan productiva como la fotográfica. Se dedica a fotografiar las obras y exposiciones de sus amigos artistas y aparte ejerce como retratista de personajes relevantes del mundo del arte y la burguesía. Estos retratos están siempre tratados bajo una visión personal, muy romántica y particular donde los retratados aparecen en encuadres poco habituales y luces más bien lánguidas. Se trata de retratos donde prevalece la expresión personal del retratado frente a la objetividad de la imagen.
En 1921 Man Ray crea una serie de fotografías denominadas Rayograhs: Son de una originalidad pasmosa. Están realizadas sin cámara de fotos. Objetos expuestos sobre papel sensible a la luz con un posterior revelado. Son fotos abstractas, surrealistas. La técnica no es una novedad como erróneamente apuntan algunos historiadores ya que fotógrafos del siglo anterior como Talbot ya la habían practicado; pero no es hasta Man Ray cuando esta técnica se convierte en obra de arte.
Su vida está a caballo entre Europa y Estados Unidos intercalando su obra artística con trabajos de profesor y grabador.
Su obra está llena de irracionalidad, de mundo onírico, de erotismo… lo vemos perfestamente en sus dos obras más famosas.
El Violon d’Ingres es sin duda la más conocida. Incluso sin conocer a Man Ray, tenemos presente esta obra.
La modelo, Kiki de Montparnasse, aparece de espaldas, ladeando la cabeza hacia el espectador y con dos velos: uno en la cabeza a modo de turbante y otro en la cintura, de forma que cierra la composición.
Está claramente inspirado en las bañistas de Ingres.
En la espalda, Man Ray dibuja las ranuras en forma de f del violín con tinta china. Así el modo romántico e ideal de ver la figura femenina se relaciona con la musicalidad fantasiosa del violín; por otro lado, instrumento preferido del pintor Ingres.
La otra obra a la que me refiero, es el primer plano de esos maravillosos ojos con pestañas separadas y lágrimas redondas resbalando por las mejillas. El sentido romántico y onírico no tiene límite en esta obra. Esas perfectas lágrimas, son vidrios transparentes que crean un extraordinario efecto bajo un encuadre inusual y a la vez genial.
Este extraordinario personaje, Emmanuel Radnitzky, Man Ray, realiza también a lo largo de su carrera artística, dibujos, collages, diseños de moda… todo un polifacético creador que se adentra en el mundo Dadá y posteriormente en el Surrealista con técnicas y formas expresivas que se salen de lo habitual.