La figura de Jesucristo ha gozado de una evolución curiosa. De ser un personaje de escasa relevancia religiosa, social y política en su
época, pasó a ser uno de los iconos religiosos más influyentes en la
historia de la humanidad, especialmente en occidente.
Así, los historiadores romanos, Tácito en sus Anales o Suetonio en Vida de los doce césares, apenas si nombran a los cristianos -no a
Jesucristo- como una secta más de las que hormigueaban en la Roma de entonces. Flavio Josefo, en sus Antiguedades, si hace una mención más específica, aunque tiene un cierto tufillo de interpolación cristiana posterior.
Norman Jewison, director canadiense especializado en cine con matices antirracistas, filmó en 1973 Jesucristo Superstar, una ópera rock, un musical vamos, que habían estrenado los ingleses Tim Rice y Andrew Lloyd Weber, en forma de disco (y musical teatral también) en 1970.
El resultado es una película que funciona de maravilla. En gran parte debido a la partitura y al libreto, que ambos son magníficos, con momentos tan especiales como la obertura,la presentación de Judas, la canción de María Magdalena, o el célebre y espectacular número de Getsemaní, previo a la detención de Jesucristo en el huerto de los olivos.
El gran acierto que supone este film radica en varios factores: los exteriores localizados en un desértico Israel, la escenografía
minimalista y actualizada (los soldados con metralletas, los palacios son andamios) y unos actores cantantes completamente entregados a su papel.
Pero, por encima de todo, está la inteligencia de los autores de contar la historia a través de los ojos de Judas, el traidor, poniendo el acento en los desacuerdos políticos con Jesucristo… cuando menos curioso porque cinco años después -en 1978- de la realización de la película se descubrirá el Evangelio de Judas, un apócrifo en que al protagonista se le presenta como el discípulo favorito de Jesús, quien le pide la difícil tarea de que le traicione..
Robert Graves, ya había escrito en 1946 una documentada novela, Rey Jesús, en donde la visión de un Jesucristo político tomaba protagonismo. Este filme en gran medida se alinea con esta interpretación de la vida de Jesucristo, nada desdeñable si nos atenemos a los evangelios canónicos, que, como todo libro escrito y por escribir, suceptibles son de múltiples lecturas.