Hablamos casi siempre con descuido, pero ¿escribimos con cuidado?

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Es una pregunta que me hago personalmente, tanto en horas bajas de falta de confianza en mi escritura, como en las prisas al agolparse las ideas sobre qué escribir. Estos post, a mí particularmente me están sirviendo de aprendizaje, pero ¿se entiende lo que escribo?

Las opiniones rara vez nos aclaran esta cuestión. Entonces me planteo bucear de nuevo en textos donde me aclaren dudas.

Hoy he dado con un texto de Pedro Salinas que me parece interesante transcribir:Hablamos casi siempre con descuido, pero ¿escribimos con cuidado? 3

“Pensemos ahora en otra cualidad del valor social del  lenguaje. En la relación del lenguaje, el individuo y el tiempo. Ahora nos referimos especialmente a la lengua escrita. Es esta muy diferente  de la hablada. Porque la actitud del ser humano cuando escribe, su actitud psicológica, es distinta de cuando habla. Cuando escribimos se siente, con mayor o menor conciencia, lo que llamaría yo la responsabilidad de la hoja en blanco; es porque percibimos que ahora, en el acto de escribir, vamos a elevar el lenguaje a un plano distinto del hablar, vamos a operar sobre él, con nuestra personalidad psíquica, más poderosamente que en el hablar.

En suma, hablamos casi siempre con descuido, escribimos con cuidado.

Casi todo el mundo pierde su confianza con el lenguaje, su familiaridad con él, apenas coge una  pluma. El idioma se le aparece, más que como la herramienta dócil del hablar, como una realidad imponente, el conjunto de todas las posibles formas de decir una cosa, con la que el que escribe tendrá que luchar hasta que halle su modo.

Sí, las lenguas hablada y escrita son diferentes, pero no viven alejadas una de otra, en distintas órbitas. De lengua hablada, se nutre, se fortifica la lengua escrita, sin cesar, y de ella suben energía, fuerzas instintivas del pueblo, a sumarse a las bellezas acumuladas de la lengua escrita. Es el pueblo el que ha dicho: “Habla como un libro”. Frase que evidencia cómo el habla popular admira y envidia al habla literaria, cómo las dos se necesitan; y es que, según Vendryes ha dicho: “en la actividad lingüística de un hombre civilizado normal están en juego todas las formas del lenguaje a la vez”.

 Y yo, por mi parte, no sé, a veces, distinguir si una frase feliz que está en mi memoria la aprendí de unos labios, en palabra dicha, o de un libro, de la palabra impresa. Sería insensatez oponer las dos formas del habla.                                                     Pedro Salinas, Aprecio y defensa del lenguaje 

Unos versos de Pedro Salinas y Gabriel Celaya, creo, ilustrarán la riqueza del lenguaje:

 Para vivir no quiero

islas, palacios, torres.

¡Qué alegría más alta:

vivir en los pronombres!   

Pedro Salinas La voz a ti debida                             

Hablando en castellano,

las vocales redondas como el agua son pasmos

de estilo y sencillez. Son lo rústico y sabio.

Son los cinco peldaños justos y necesarios

Y de puro elementales, parecen cinco milagros 

Hablando en castellano,

en ese castellano vulgar y aquilatado

que hablamos cada día, sin pensar cómo y cuánto

de lírico sentido, popular y encarnado

presupone, entrañamos.                          

Gabriel Celaya, Cantos Iberos