Uno de los recursos más eficaces en la comedia es la repetición. Una mujer llama a un hombre y graba un mensaje en su móvil. Luego, algo ebria, repite ese llamado, declarándole su amor. En un tercer llamado, la mujer fuera de sí grita que jamás conoció a semejante canalla.
El recurso, tan efectivo como banal, puede darse en los mismos actores cómicos, quienes interpretan un único rol que los acompañará por el resto de sus carreras. Esa excentricidad, ese sello personal, suele reforzarse con los éxitos de taquilla. Tal es el caso de Jim Carrey, Adam Sandler y el propio Ben Stiller.
¿Qué sucede cuando estos actores intentan modificar el patrón e interpretar roles más desafiantes? Muchas veces esos films no reciben la suficiente promoción y por ende la atención del público.
“Greenberg” es acaso uno de estos intentos de Ben Stiller por dejar de ser Ben Stiller sin dejar de serlo. Stiller interpreta a un neoyorkino que se traslada a Los Angeles, luego de sufrir un colapso nervioso, para reflexionar sobre su vida mientras cuida la casa de su hermano.
Ese viaje lo reencontrará con amigos de la juventud, un perro enfermo y una asistente adorable.
Una línea argumental sencilla, con actuaciones formidables de Stiller, Greta Gerwig, Jennifer Jason Leigh (co-autora del guión junto con Noah Baumbach, quien a su vez lo dirige) y Rhys Ifans. Sutil, aguda y entretenida. Altamente recomendable.