Alaa Abd El Fattah, un programador, bloguero y activista británico-egipcio, se encuentra actualmente en el quinto año de una condena en una prisión de máxima seguridad cerca de El Cairo, donde enfrenta cargos injustos por apoyar la libertad de expresión y la privacidad en línea para los egipcios y las personas en toda la región de Oriente Medio y África del Norte. Su situación ha atraído la atención de una creciente coalición internacional de partidarios que exige su liberación.
Durante su tiempo en prisión, Abd El Fattah ha sufrido maltratos físicos y ha estado en régimen de aislamiento. Su familia ha enfrentado restricciones severas, incluyendo la negación de visitas y contacto con él. En un acto desesperado de protesta, realizó una huelga de hambre de siete meses, lo que llevó a su familia a temer por su vida. Sin embargo, gracias a la atención global y al apoyo de funcionarios británicos, se lograron algunas mejoras en sus condiciones carcelarias y se les permitieron visitas familiares.
Alaa ha pasado la mayor parte de la última década bajo arresto. Ha sido investigado y encarcelado bajo cada régimen egipcio en su vida, reflejando una incesante represalia por su activismo a favor de la libertad de expresión. Desde hace más de 20 años, ha utilizado sus habilidades técnicas para conectar a programadores y tecnólogos en el Medio Oriente, creando comunidades en línea donde las personas pueden compartir opiniones y expresarse libremente. Su papel durante la Revolución de Egipto en la Plaza Tahrir lo convirtió en una figura prominente durante la Primavera Árabe y, al mismo tiempo, en un objetivo para los regímenes represivos que han utilizado leyes antiterroristas para silenciar a los críticos.
La persecución que sufre Alaa por parte de las autoridades egipcias es un abuso evidente de poder y una falta de debido proceso. Su historia de arrestos se remonta a 2006, y ha enfrentado múltiples detenciones a lo largo de los años, culminando en una condena en 2021 a cinco años de prisión por supuestamente promover noticias falsas y pertenecer a una organización terrorista.
El caso de Alaa ha encontrado eco en el ámbito internacional, lo que ha llevado a demandas de acceso consular por parte del gobierno británico. David Lammy, actual Ministro de Relaciones Exteriores del Reino Unido, ha cuestionado las implicaciones diplomáticas que enfrenta Egipto al denegar el acceso a un ciudadano británico, subrayando la necesidad de consecuencias serias si no se le concede la liberación.
Aunque sus condiciones de prisión han mejorado y se han asegurado sus derechos de visita familiar, Alaa sigue encarcelado de manera injusta. Con la esperanza renovada tras el cambio de gobierno en el Reino Unido, se alienta a los ciudadanos británicos a presionar a sus representantes para exigir su liberación. La situación de Alaa es un recordatorio de los peligros que enfrentan quienes alzan la voz por la justicia y los derechos humanos en una región donde tales actos son a menudo castigados con severidad. La comunidad internacional continúa observando y abogando por su liberación, hasta que se logre un cambio definitivo en su situación.
Fuente: EFF.org